Después de beberlo, la medicina no hizo efecto de inmediato. Gisela seguía temblando de dolor.
En el escenario, todos contenían la respiración, y en las gradas, el público estiraba el cuello para no perderse nada.
Todos aguardaban la reacción de Gisela.
Los más nerviosos eran los alumnos de las universidades del Sur y de Veridia. Temían que el antídoto de Roxana no funcionara y la convirtiera en el blanco de más críticas.
Después de todo, mientras los demás retrocedían aterrorizados, ella había sido la única en mantenerse firme como una montaña, ofreciéndose a salvar a su rival. Por ese simple hecho, los estudiantes de ambas instituciones ya sentían un profundo respeto hacia ella.
Abajo, Mónica Montes y Yara Soler no apartaban la mirada.
Ambas pensaban: «Si el antídoto de Roxana no funciona, entonces...».
Gisela esperó un minuto, pero el dolor no disminuía. Llena de frustración, reclamó:
—¿Qué me diste de beber? ¿Por qué me sigo sintiendo tan mal?
Estaba tan débil que, aunque sus palabras pretendían ser afiladas, carecían de fuerza.
Roxana, al escucharla, soltó una risa fría.
—Si no sirviera de nada, ¿crees que podrías estar hablando ahora?
El nombre científico de esta toxina era Neurotoxina T5. Era un veneno incoloro e inodoro.
Media hora después de ser ingerido, los síntomas aparecían. La víctima sentía que su cuerpo era desgarrado internamente. Los ataques eran frecuentes, y al finalizar cada ronda, el dolor del siguiente ciclo aumentaba exponencialmente.
La mayoría de las personas no soportaba el tercer ciclo sin suplicar la muerte. Incluso alguien con una fortaleza mental inquebrantable apenas llegaba a la quinta etapa.
Por lo general, este veneno se usaba para castigar a traidores o torturar informantes.
Cuando ella estaba en el Orfanato del Valle, el director del orfanato le había hecho tomar un veneno similar para someterla.
Pero como era muy pequeña, se desmayó en el tercer ciclo.
Evidentemente, el que le habían dado a Gisela era una versión mejorada. ¿Sería posible que quien la envenenó tuviera relación con el orfanato?
Al pensar en esto, la mirada de Roxana se volvió sombría.
Gisela, tras escuchar la reprimenda de Roxana, se dio cuenta de que, efectivamente, el dolor había disminuido bastante.
Además, al distraerse con la conversación, la agonía había perdido intensidad.
—¡Sí, Roxana es increíble! ¡Ninguno de nosotros notó que Gisela había sido envenenada, y ella la curó en un abrir y cerrar de ojos!
—¡Eres la mejor, Roxana! ¡Desde hoy eres mi ídola absoluta!
Los halagos disiparon por completo la atmósfera tensa.
Don Abelardo se acarició la barba, satisfecho.
—¡Jajaja! ¡Sabía que ningún problema médico sería un reto para mi alumna Roxana!
—¡¿Qué es eso de tu alumna Roxana?! —interrumpió Don Fausto, ofendido—. ¡Hablas como si todo esto fuera obra tuya, cuando aquí trabajamos en equipo! ¡Y te recuerdo que la señorita Roxana no es solo tuya, también es mía!
Don Abelardo, ofendido, replicó de inmediato:
—¡Fausto, deja de jugar con las palabras! ¡No intentes difamarme frente a mis alumnos!
Los estudiantes de ambas universidades, cuya alegría no había durado ni un minuto, se quedaron perplejos viendo cómo sus rectores estaban a punto de agarrarse a gritos.
¿Dónde había quedado la imagen imponente y severa que siempre proyectaban?

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