En la parte trasera de la casa de subastas, el auto de Valeriano Sandoval esperaba silenciosamente estacionado a la orilla de la calle.
Leandro, que ya tenía el Elíxir de Renovación, se adelantó rápidamente y, con ambas manos, le entregó una caja de madera especial, diciendo con respeto: "Joven Valeriano, el 'Elíxir de Renovación'".
Los largos y elegantes dedos de Valeriano acariciaron la caja. A simple vista parecía una caja común y corriente, pero él sabía que la madera con la que estaba fabricada era excepcional.
Era Madera de Sándalo Imperial, extremadamente rara, que no solo protegía el Elíxir de Renovación de cualquier golpe, sino que conservaba más del 90% de sus propiedades por muchísimo tiempo.
Al ver que no abría la caja para examinar el codiciado elíxir, sino que se quedaba detallando las vetas de la madera, Leandro sintió cierta curiosidad.
Después de una pausa, no pudo evitar preguntar: "Joven Valeriano, desde que recogimos el 'Elíxir de Renovación', nadie me ha contactado. ¿Quiere que... le pida al gerente de la casa de subastas que busque al vendedor?"
No importaba si el vendedor era el enviado de la misteriosa Doctora Alma o no; siempre y cuando aceptaran reunirse con ellos, habría una esperanza más para curar el veneno en el cuerpo del joven Valeriano.
Los dedos finos y pálidos de Valeriano se detuvieron. Sus ojos eran más insondables que un lago congelado.
Cuando habló, su tono fue de absoluta certeza.
"No es necesario, ellos te buscarán".
Gastar una fortuna en un solo elíxir era una declaración de intenciones. Lo que él quería no era solo el medicamento, y estaba seguro de que la otra parte lo entendería.
Al escuchar la tranquilidad de su jefe, Leandro dejó de dudar.
En ese instante, un guardaespaldas se acercó: "Señor, hay unas personas buscándolo, dicen que necesitan hablar con el asistente Leandro".
A Leandro se le iluminaron los ojos al instante. Pensó que Valeriano había acertado; ¿acaso el legendario maestro farmacéutico ya había venido a buscarlos?
En la fría e insondable mirada de Valeriano también brilló una inusual chispa de interés. "Hazlos pasar a un palco en el segundo piso, los alcanzaré en un momento".
"¡Sí, señor!" Leandro, conteniendo su entusiasmo, acompañó al guardaespaldas a recibirlos.
Sin embargo, toda esa emoción se desvaneció por completo al toparse con los rostros ansiosos de Elba y Yara.
¿Por qué eran ellas dos?
Era más fácil lidiar con el rey que con sus lacayos, ¿acaso Elba no entendía algo tan básico?
No le quedó más remedio que intentar enmendar la situación. "Asistente Leandro, Elba está tan desesperada por el 'Elíxir de Renovación' que habló sin pensar; no le guardes rencor. Viajamos a Puerto Esperanza específicamente por el 'Elíxir', pues de él depende una vida en la familia Soler. Así que... ¿podrías ayudarnos? Te aseguro que no pediremos que el comprador nos regale el elíxir; estamos dispuestas a pagar más para comprárselo".
Al usar el nombre de la familia Soler, estaba convencida de que el comprador no se negaría.
Sus palabras sonaban mejor que las de Elba, pero seguían siendo igual de pretenciosas.
Leandro se rio internamente.
Alguien capaz de soltar 20 millones por el Elíxir de Renovación, ¿iba a dejarse tentar por unos pesos extra?
En el fondo, solo querían usar el peso de los Soler para intimidar al comprador.
Si el que hubiera adquirido el elíxir no fuera su propio jefe, tal vez esta señorita Soler se habría salido con la suya.
Pero al ser una decisión personal de Valeriano, Leandro no podía tomarse la libertad de opinar, así que respondió: "Señorita Soler, comprendo la situación. Pero no puedo hacerle ninguna promesa. Hablaré con el comprador y si tengo alguna respuesta, se las haré saber a la brevedad".

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