Aunque su hermana parecía fría por fuera, en el fondo era muy dulce.
Una niña tan tierna no merecía pasar por el mal rato de hace unos instantes.
Al pensarlo, su sonrisa se desvaneció un poco y un brillo sombrío apareció en sus ojos.
En el área de los Maldonado, todos estaban seguros de que Roxana sería expulsada del lugar por el escándalo, y jamás imaginaron que los echados serían los demás.
Alcira murmuró, desconcertada:
—No puedo creer que el Maestro Ezequiel haya defendido a mi hermana.
Ricardo, con la mirada calculadora, analizó la situación.
—Fue él mismo quien causó este enredo con su calificación. Además, con el Dueño Darío interviniendo, el Maestro no tenía más opción que dar la cara.
Al escuchar esto, Cristián se mostró sorprendido.
—Señor Ricardo, ¿quiere decir que Roxana y el Dueño Darío tienen algo que ver?
Ricardo sonrió con picardía.
—Así es, el Dueño Darío la tiene en muy alta estima. Hace poco la defendió en la Mansión Sandoval.
Cristián ya sospechaba que entre ellos pasaba algo raro, pero confirmarlo lo hizo enfurecer.
Roxana siempre parecía inalcanzable y digna, ¡pero resultó ser una ligera de cascos!
¡Primero andaba rogándole a hombres mayores y ahora se estaba insinuando con el Dueño Darío!
¡Era una cualquiera!
Desde que se fundó el concurso, jamás se había echado a nadie del auditorio, lo que dejó a todos los presentes asombrados de nuevo.
Los rumores sobre la verdadera relación entre Roxana y el Maestro Ezequiel comenzaron a esparcirse por los asientos.
Mientras tanto, en el escenario, la presentadora apenas podía disimular su estrés.
Al ver que el ambiente por fin se había calmado, aprovechó la oportunidad para destensar el ambiente.
Luego se dirigió a Yara:
—Felicidades, señorita Yara, por conseguir 40 puntos. Hasta ahora tiene el puntaje más alto del evento. Puede volver a su asiento para descansar.
Yara, que apenas podía seguir manteniendo su fachada de señorita perfecta, dio las gracias rápidamente y bajó del escenario.
Enseguida llamaron al siguiente participante.
Desde que el público descubrió que Roxana era la jueza misteriosa, las miradas se desviaban hacia ella cada vez que se daba una calificación.
Se preguntaba si esta «Alondra» tendría algo que ver con la de Estrella, o si solo era una coincidencia.
Pero, al ver que los asistentes colocaban un atril para violín en el escenario, la duda se apoderó de él.
Él creía que «Alondra» era una melodía pensada para instrumentos antiguos... ¿Acaso se equivocó?
Poco después, las notas del violín comenzaron a fluir suavemente por el lugar.
La melodía era tan refrescante como la brisa de una noche de verano, delicada y envolvente, haciendo que la audiencia olvidara cualquier preocupación.
Sin embargo, a medida que la gente se sumergía en la música, el rostro del Maestro Ezequiel se iba ensombreciendo.
Afuera del teatro, un lujoso y discreto auto negro se detuvo frente a la entrada principal.
—Joven Valeriano, hemos llegado.
Leandro estaba a punto de abrirle la puerta a Valeriano Sandoval para ayudarlo a salir, cuando este lo detuvo.
—Silencio.
Leandro se extrañó un segundo, hasta que escuchó la música que salía del interior del edificio.
Su jefe, sentado en la parte trasera, cerró los ojos y se limitó a escuchar.

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