—¡¿Qué?! ¡¿Valeriano está escupiendo sangre?!
Darío se puso de pie de inmediato, pero antes de que pudiera dar un paso, vio que Roxana, quien había estado sentada a su lado, ya había salido corriendo a toda velocidad.
Rafael y Marina se sobresaltaron.
Marina sabía perfectamente lo importante que era Valeriano para su familia, y al ver que su hija se había ido con Leandro, agarró la mano de su esposo con angustia.
—Amor, ¿no había salido a hacer algo? ¿Por qué de repente está escupiendo sangre? Y además, ¿por qué no llamó a un médico en lugar de buscar a Roxana? Si le llega a pasar algo grave mientras está en sus manos, ¡será un desastre!
Rafael tampoco lo entendía, pero solo pudo intentar calmar a su esposa.
Yara se quedó helada unos segundos antes de reaccionar. Olvidando toda su etiqueta de joven de la alta sociedad, salió corriendo tras ellos.
Valeriano era el hombre que había admirado en secreto desde la infancia. Aunque su salud siempre había sido frágil, eso jamás había opacado su deslumbrante presencia.
El Maestro Ezequiel y Sonia también cambiaron de expresión al escuchar la noticia.
Ezequiel estuvo de acuerdo con la preocupación de Marina. ¡Valeriano era el único heredero Sandoval! Si algo le pasaba, sería una tragedia, ¡pero bajo ninguna circunstancia podía suceder mientras la niña lo estaba tratando!
—Presidente Soler, Darío, voy a llamar de inmediato a Abelardo para que venga a ayudar —dijo el anciano con urgencia.
Rafael, aliviado por la sugerencia, asintió.
—Sí, por favor. Se lo agradezco mucho, Maestro Ezequiel.
Al ver que todos se dirigían hacia la otra habitación, a Ricardo se le hizo un nudo en la garganta.
¿No se suponía que su esposa y su hija iban a suplicarle piedad al señor Sandoval? ¡¿Por qué de repente estaba escupiendo sangre?!
Al pensar en el inmenso poder de la familia Sandoval, sintió que la sangre se le helaba.
¡Ese par de inútiles solo servían para arruinarlo todo!
Mientras tanto, Roxana y Leandro entraron apresuradamente en la suite. Apenas cruzó la puerta, Roxana percibió el inconfundible aroma a fragancia narcótica en el aire, y su rostro se ensombreció de inmediato.
Al desviar la mirada, vio a Alcira y a su madre, la señora Elena, aferradas la una a la otra en medio de la sala, temblando de pánico.
Cuando Elena vio a Leandro regresar acompañado de Roxana, el terror se apoderó de ella. Y al escuchar los pasos de los demás que se acercaban, comenzó a sollozar en voz baja.
—¡No fui yo! ¡No tenemos nada que ver con esto!
Roxana las ignoró por completo y caminó directo hacia Valeriano.
Valeriano asintió levemente, relajando por completo su cuerpo para dejar que ella hiciera lo que tenía que hacer.
Roxana, sin perder un segundo, comenzó a colocar las agujas con precisión milimétrica.
Leandro observaba la escena con el corazón en un puño.
Aunque sabía que la señorita Roxana era la famosa "Estrella", el joven Valeriano jamás permitía que ninguna mujer se le acercara. Incluso él, que llevaba años sirviéndole, tenía que mantener siempre una distancia prudente.
Pero ahora, Valeriano bajaba todas sus defensas ante una chica a la que apenas conocía, dejando que lo manipulara con esas agujas...
¿Acaso su jefe realmente se había enamorado?
—¡Detente!
Yara entró corriendo justo en ese momento. Al ver a Valeriano con la ropa desordenada y a Roxana prácticamente encima de él, se abalanzó para detenerla sin pensar.
Roxana estaba en medio del delicado proceso de controlar la propagación del veneno. Al escuchar el alboroto a sus espaldas, sin pensarlo dos veces, soltó una patada que mandó a Yara a volar por los aires, y le gritó a Leandro:
—¡Que nadie se acerque a esta área!

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