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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 351

En el reservado.

—Preciosa, nos volvemos a encontrar.

Cuando Roxana Soler escuchó esa voz repulsiva, estaba sentada tranquilamente frente a la mesa, sirviéndose una taza de té con total compostura.

Levantó la mirada con desgano y vio una figura corpulenta y conocida que emergía desde el interior con una postura extraña.

¿Qué clase de fenómeno era ese...? No, ¿acaso era el joven heredero que venía desde Veridia?

Con razón su voz le resultaba familiar.

—Eres Carlos Valente.

Al ver que la hermosa chica lo recordaba, Carlos sonrió complacido y extendió la mano con la intención de atrapar la suya.

Roxana la apartó de inmediato y, con una sonrisa a medias, alzó la taza de té que sostenía.

Carlos recordó al instante su último encuentro: ella le había estrellado una taza en la cabeza, dejándole una herida y lastimándole el hombro. Por puro reflejo, se cubrió la cabeza y retrocedió un paso.

La gruesa capa de grasa en su rostro tembló un par de veces, pero al contemplar ese rostro que irradiaba una mezcla perfecta de pureza y seducción letal, su lujuria superó al miedo. Volvió a sonreír con lascivia.

—Preciosa, no tienes idea. Desde que te vi en el Restaurante El Mirador, he pensado en ti día y noche. Me robaste el alma por completo...

Roxana notó que el hombre aún tenía el descaro de abrigar sucias intenciones y lo miró con gélida indiferencia.

—¿Así que buscaste a Alcira Maldonado para tenderme una trampa?

Al ver que la chica se molestaba, a Carlos le dio un vuelco el corazón y se apresuró a explicarse.

—¡Para nada! Carlos Valente es famoso por tratar a las mujeres como reinas. Jamás usaría un truco tan sucio.

Roxana vio cómo le brillaban los ojos y supo que estaba tramando algo. Efectivamente, un segundo después él continuó con una sonrisa zalamera.

—Tú y yo nos gustamos. Si me complaces esta noche y me haces feliz, te prometo que no solo les daré a la familia Maldonado los pedidos de este año, sino que el próximo año mi familia también los elegirá a ustedes. ¡Vamos, viendo lo sincero que es tu hombre, deja que te dé un beso primero!

Roxana consideraba haber visto a muchos idiotas en su vida, pero alguien tan genuinamente estúpido como Carlos Valente era una novedad.

Al ver que se abalanzaba sobre ella sin temor a la muerte, le lanzó una advertencia helada.

—Si quieres conservar tu mano, no te me acerques.

Pero con semejante belleza frente a él, ¡cómo iba a rendirse Carlos!

Carlos estaba furioso y adolorido. Sus mejillas regordetas sufrían espasmos incontrolables.

—¡U-ustedes, la familia Maldonado, pueden irse olvidando de los contratos de mi familia! Y te lo advierto, basta una sola palabra mía para que no solo mi familia, sino ninguna otra familia importante en Veridia quiera hacer negocios con ustedes. Si sabes lo que te conviene, arrodíllate ahora mismo y suplícame perdón. ¡De lo contrario, aplastaré a tu familia!

Al escuchar la amenaza, Roxana sonrió ampliamente.

—De acuerdo. ¡Si tú no aplastas a la familia Maldonado, te aplastaré yo a ti!

—¿Q-qué? —El rostro de Carlos se congeló. No podía creer lo que acababa de escuchar.

Hace un rato, Alcira Maldonado le había rogado entre lágrimas que viniera, asegurándole que esta belleza estaba profundamente arrepentida por haberle faltado el respeto en el Restaurante El Mirador y que deseaba disculparse en persona para obtener su perdón. ¡Incluso le prometió que si firmaba el contrato, la chica estaría a su entera disposición!

¿Por qué de repente todo era tan distinto?

¿Acaso era una trampa que le habían preparado?

Al pensarlo, la ira no solo lo invadió, sino que transformó su expresión en una máscara demoníaca.

—¡Se atreven a jugar conmigo! ¿Acaso saben el poder que tiene mi familia en Veridia? ¡Que alguien como yo ponga sus ojos en una familia de tercera como la suya ya es un milagro para ustedes! ¡Me van a pagar por esta humillación! ¡Se los juro, no los dejaré en paz!

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