—¿Tal vez hubo un malentendido? Quizá simplemente se le olvidó. No te enfades —intentó justificar Rafael a Yara.
Marina lo miró fríamente.
—Entonces, ¿crees que estoy exagerando y buscando problemas con ella por un descuido?
Al ver que se había molestado, Rafael se apresuró a negarlo.
—No quise decir eso.
Pero Marina no cedió.
—¿Entonces qué quisiste decir? Explícate.
—Mamá, no creo que Yara se haya olvidado a propósito. Tal vez aún no se acostumbra a la situación, pero ella trata bien a Roxana. Seguido se preocupa por ella —intervino Darío para intentar calmar las aguas.
—¿La has visto tú mismo preocuparse por Roxana o solo te lo ha dicho ella? —preguntó Marina, implacable.
Darío se quedó sin palabras. En el fondo, él también lo había notado. La última vez, en el cumpleaños de la matriarca Beatriz, le pidió a Yara que le avisara a Roxana, pero al final Yara llegó sola.
Marina miró a los dos hombres con evidente molestia.
—La vez pasada, cuando Elba vino con ella a Puerto Esperanza y casi las estafan por veinte millones, Valeriano nos llamó para explicar la situación. Todo había sido planeado entre Elba y Yara, pero al regresar, Elba no mencionó a Yara en absoluto, y Yara se hizo la desentendida mientras Elba armaba un escándalo en la casa. Además, con la solicitud de ingreso de Roxana a la Universidad del Sur, Yara dijo que se lo había encargado al director de la facultad, pero él nunca respondió, sino hasta que llegó la carta de admisión firmada por el propio rector. Y, por si fuera poco, Yara quiso robarse el mérito de que Roxana hubiera sido admitida. ¿De verdad creen que no hay problema en que siga comportándose así?
Rafael y Darío se quedaron mudos.
Al ver las mismas expresiones de ingenuidad en ambos, Marina bufó con frialdad.
—Si los dos saben perfectamente lo que pasa, ¿por qué le siguen permitiendo hacer esto? Nosotros la criamos; debería poder aceptar esta realidad sin actuar de esta forma.
Darío preguntó, casi por instinto:
Gran Subasta Primigenia.
Siendo una subasta incluso más esperada que la del Elíxir de Renovación, el evento de esa noche reunió a toda la alta sociedad, con un desfile interminable de autos de lujo. No solo estaban presentes las élites de Puerto Esperanza, lideradas por la familia Sandoval, sino también las familias más prestigiosas de Veridia, encabezadas por la familia Soler. ¡La magnitud del evento era comparable a la cumbre nacional de los últimos años!
Los reporteros invitados no paraban de tomar fotos, ni siquiera se atrevían a beber agua por miedo a perderse a alguna figura importante. Aunque Valeriano asistió al evento, prefirió evitar las cámaras. Ingresó por un pasillo exclusivo que conectaba directamente el estacionamiento subterráneo con su palco privado.
Ricardo y Alcira Maldonado también consiguieron entradas gracias a la familia Mota, y ambos llegaron vestidos de gala. Al ver la majestuosidad de la entrada, Ricardo tomó la mano de su hija, lleno de emoción.
—Alcira, si no fuera por ti, jamás habríamos podido asistir a un evento de este calibre.
Alcira también lo notó. Los presentes eran figuras que antes solo veía en revistas y televisión, gente que estaba muy por encima del nivel actual de la empresa Maldonado. Por suerte, había logrado cubrir sus moretones con maquillaje y lucía un deslumbrante vestido ajustado con la espalda descubierta, que realzaba a la perfección su figura envidiable. Si hubiera venido mal arreglada, se habría sentido humillada.
Sin embargo, no lograba comprender por qué una simple subasta de medicinas atraía a tanta gente poderosa.

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