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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 713

Roxana se paró frente al caballete que el personal había preparado. Para que el público no se perdiera ni un solo detalle, el camarógrafo enfocó la lente directamente hacia su rostro y el lienzo.

Ese era un ángulo traicionero. Cualquier persona normal habría salido con el rostro deformado o luciendo todos sus defectos.

Pero, para sorpresa de todos, a Roxana ese ángulo le sentaba de maravilla. Bajo las luces del escenario, su belleza resultaba deslumbrante e intocable.

Sin perder tiempo pensando en la composición ni dudando un solo segundo, tomó el pincel y comenzó a pintar.

Su pulso era de una firmeza envidiable, presionando la tinta sobre el papel con una maestría que alternaba fuerza y delicadeza. La fluidez de sus líneas y la serenidad de su expresión dejaron al público sin palabras.

Cada trazo estaba impregnado de tanta seguridad que no parecía estar pintando, sino dialogando en silencio con su propia obra.

Con suaves y precisos movimientos de muñeca, un paisaje majestuoso fue cobrando vida en el lienzo. Montañas y ríos se alzaron con una grandeza sobrecogedora, dejando sin aliento a todos los que lograban ver la imagen.

Cuando dio el último trazo, la audiencia estaba en estado de shock.

El paisaje que había creado vibraba con vida propia. Los picos de las montañas lucían escarpados, los bosques densos y vibrantes, y las rocas parecían tener textura real. Era una explosión de naturaleza salvaje y vitalidad.

Nadie podía creer que una estudiante de primer año fuera capaz de capturar una atmósfera tan profunda y sublime.

—¡Magnífico!

Uno de los jueces, un hombre de aspecto bohemio y barba estilizada, se puso de pie de un salto, aplaudiendo con fervor.

Contagiados por su entusiasmo, los demás se levantaron y comenzaron a aplaudir. Incluso Don Fausto se unió a la ovación; sabía que la muchacha no iba a perder, pero no esperaba que ganara con semejante exhibición de maestría.

Al ver que todos la aplaudían, Roxana les dedicó una sonrisa serena y se dispuso a bajar del escenario.

—¡Espera! —la llamó de inmediato el hombre de la barba canosa, con un tono todavía cargado de emoción—. Tu estilo es limpio, impecable, y cada trazo respira vida. Tienes la técnica de un gran maestro. Dime, ¿quién es tu mentor?

—Nadie. Solo pinté esto para pasar el rato —respondió ella con total honestidad.

La multitud ahogó un grito de asombro.

Capítulo 713 1

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