Entrar Via

LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 710

Don Fausto notó la sorpresa en los ojos de la pequeña Roxana y sintió una oleada de orgullo.

¡Seguramente la muchacha se había dado cuenta de lo mucho que la valoraba al haber hecho el viaje hasta ahí solo por ella!

«¡Para que vea que Don Abelardo y el viejo Ezequiel no son los únicos que saben lucirse! ¡Yo también sé cómo apoyarla!», pensó con aires de triunfo.

Sin embargo, cuando la Profesora Casandra terminó de hablar, la mirada de Don Fausto volvió a volverse tan cortante como el hielo.

—¿Fui yo el que te preguntó o me estás preguntando tú a mí?

La Profesora Casandra sintió el peso de su autoridad. Agachó la cabeza asustada y procedió a relatarle su versión de lo ocurrido.

Mireya, que cursaba el segundo año en la Universidad de Veridia, sabía perfectamente la enorme influencia que tenía Don Fausto en la alta sociedad. Ansiosa por ganar puntos a su favor, se adelantó para añadir veneno a la historia.

—Don Fausto, tiene que saber algo. Si no fuera porque la Profesora Casandra y nosotras intervenimos, las estudiantes de la Universidad del Sur habrían llamado a la policía hace rato. Aunque todavía no sabemos quién dice la verdad, el simple hecho de que estén dispuestas a armar un escándalo demuestra que no tienen el más mínimo respeto por nuestra institución. ¡Le pido que las descalifique de inmediato!

Vanessa y sus compañeras asintieron con fervor.

Estaban convencidas de que el rector defendería el prestigio de la universidad y expulsaría a Roxana y a Otilia.

Pero, para su sorpresa, Don Fausto simplemente asintió con indiferencia y se dirigió directamente a Roxana.

—Mi niña, dijiste que tenías un video que prueba quién recogió el amuleto de tu compañera, ¿verdad? ¿Me lo puedes mostrar?

¡¿Mi niña?!

Mireya, la Profesora Casandra y el resto se quedaron de piedra.

Don Fausto era conocido por ser un hombre estricto, implacable e inalcanzable. Jamás mostraba favoritismos ni se dirigía a nadie con tanta familiaridad.

¡Ni siquiera los prodigios que él mismo instruía recibían un trato tan cariñoso!

—Por supuesto —respondió Roxana sin darle importancia a las miradas de los demás, y le entregó su teléfono.

Mireya sintió que el corazón le daba un vuelco al ver que el rector no solo no se ofendía, sino que se acercaba a la pantalla con gran interés.

Una inquietud helada le recorrió la espalda.

¿Acaso esa advenediza realmente tenía contactos con el rector?

Otilia reconoció su amuleto al instante.

—¡Ese es mi amuleto! ¡Vanessa, sabía que lo tenías tú! ¿Qué excusa vas a inventar ahora?

Los demás estudiantes de Veridia se quedaron paralizados, sin poder creer que Vanessa de verdad se hubiera robado el objeto y lo tuviera escondido.

Mireya sintió que le hervía la sangre al darse cuenta de que había sido utilizada. Perdió los estribos.

—¡Qué bajeza, Vanessa! ¡Te defendí porque creía en ti y resulta que no eres más que una ladrona de pacotilla! ¡Me equivoqué por completo contigo!

—¡Qué asco! ¡Robarse un amuleto así!

—¡Y yo que te apoyé desde el principio! ¡No puedo creer que seas esa clase de persona!

—¡Caras vemos, corazones no sabemos!

Con el rostro pálido como la muerte y sin fuerzas para seguir mintiendo, Vanessa cayó de rodillas al suelo, completamente devastada.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA DESECHADA MANDA