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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 373

—Jefa, ya investigué el origen del rumor. Salió de Veridia. Lo extraño es que, aunque el Centro de Desarrollo Phoenix tiene operaciones allá, nunca antes habíamos tenido este tipo de filtraciones. Y lo peor es que, cuando intenté profundizar, me di cuenta de que el rastro había sido bloqueado. Es como si alguien muy poderoso estuviera interfiriendo en nuestra investigación.

Adrián, el director operativo del centro, estaba verdaderamente desconcertado.

—¿El rastro fue bloqueado? —repitió Roxana.

La luz tenue del palco delineaba sus facciones hermosas y delicadas, dándole un aire casi glacial. Su postura relajada contrastaba con la frialdad de su mirada, proyectando un aura dominante e indomable.

Adrián observó su expresión y no pudo evitar preguntar:

—Jefa, ¿acaso tienes alguna idea de quién podría ser?

Roxana recordó un evento reciente. Después de salvar al poderoso Andrés Blanco, no había vuelto a hacer un seguimiento del caso.

Era muy probable que la filtración sobre la Doctora Serena estuviera directamente relacionada con él.

—Quédate a cargo de la situación aquí. Tengo que ir a ver a alguien.

Cuando Roxana llegó al palco de don Abelardo, lo encontró hablando por teléfono con una actitud reservada y un rostro tenso.

Al verla entrar, la tensión desapareció de inmediato y una sonrisa iluminó su rostro.

—¡Muchacha, qué bueno que llegaste!

Roxana miró su celular por un segundo. El chat grupal en el que el viejo rector solía ser tan activo estaba inusualmente silencioso, lo cual no era propio de él.

—No tienes buena cara. ¿Quién te hizo enojar?

La expresión de don Abelardo cambió ligeramente antes de intentar disimularlo.

—La verdad es que... ese rumor no es del todo falso.

Don Abelardo esperaba un regaño por haber sido indiscreto, así que sus palabras lo tomaron por sorpresa. Sintió una inmensa sacudida en su pecho.

—¿A... a qué te refieres con eso?

Roxana arqueó los labios en una suave sonrisa.

—La Doctora Serena sí está en Puerto Esperanza.

—¿De verdad? —Los ojos de don Abelardo se abrieron de par en par.

Pero antes de que Roxana pudiera confirmar, el teléfono del anciano sonó de nuevo. Al contestar, su sorpresa se transformó instantáneamente en indignación.

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