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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 379

Al escuchar que alguien se atrevía a llamarla impostora en público, el aura de la Falsa Serena se volvió helada y letal.

Clavó una mirada furiosa en la presentadora del escenario.

Gaspar, al ver que una simple técnica del Centro Phoenix osaba desafiar a la "Doctora Serena", se adelantó para reprenderla a gritos.

—¡Niñita insolente! ¡Apuesto a que en tu vida has visto a la verdadera Doctora Serena y tienes el descaro de lanzar calumnias en su contra!

»¿Acaso el Centro de Desarrollo Phoenix está buscando su propia ruina en el ámbito médico?

»¡Exijo que te disculpes de inmediato y que llames a tus superiores! ¡Quiero ver quién es el irresponsable que te permite ser tan arrogante!

Darío observó a Dulce intervenir y sus atractivos ojos se volvieron sombríos.

¡Seguía teniendo el mismo carácter impulsivo y temerario!

No sabía distinguir a quién podía ofender y a quién no. ¿Cómo diablos había sobrevivido hasta ahora?

Roxana también prestó atención a Dulce, sorprendida de que alguien con una apariencia tan suave y dócil tuviera una personalidad tan firme.

Por su parte, Adrián, al ver la confrontación desde otro palco, no quiso perder ni un segundo y salió apresuradamente hacia la planta baja.

Dulce reconoció a Gaspar, pero no se inmutó en lo absoluto ante sus gritos.

—Señor Aranda, usted asegura que ella es la verdadera doctora. ¿Tiene alguna prueba de ello? ¿No teme que lo estén engañando y termine haciendo el ridículo frente a todos?

»Además, don Abelardo acaba de plantear una objeción y esta impostora no ha podido dar una explicación. ¿De verdad no siente ni un poco de sospecha?

Sus palabras desataron de inmediato murmullos entre los asistentes.

La gran mayoría de los presentes jamás había visto a la doctora en persona. Si solo hubiera sido una joven cuestionándola, probablemente no le habrían dado importancia.

Roxana frunció el ceño. ¿Qué intentaba hacer?

La mirada de la Falsa Serena se clavó directamente en don Abelardo, cargada de una intención asesina.

—Al principio no los consideraba más que un grupo de insectos. Pero ya que no saben apreciar su suerte y me obligan a actuar... que les quede claro: lo que más detesto en la vida es escuchar el zumbido de las moscas. ¡Esta vez han logrado enfurecerme de verdad!

Apenas terminó de hablar, dos sonidos casi imperceptibles cortaron el aire.

Era el sonido de algo afilado atravesando el espacio.

Roxana agudizó la vista y vio dos destellos plateados salir disparados desde los dedos de la impostora, dirigidos directamente hacia Dulce en la planta baja y don Abelardo en el segundo piso.

Nadie más pudo verlo, pero para ella fue más que evidente.

Y lo peor era que las puntas de aquellas pequeñas agujas emitían un tenue brillo azul.

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