Al ver la palidez cadavérica de su rostro, Roxana no pudo negarse.
Como Valeriano le estaba apretando una mano con fuerza, solo le quedaba aplicar las agujas de acupuntura con una sola mano.
Aunque la pintura y la carrocería de la camioneta negra estaban destrozadas por los impactos de bala, afortunadamente el motor seguía intacto. Los miembros del escuadrón sombra se coordinaron a la perfección para conducir a la mayor velocidad posible sin sacrificar la estabilidad del vehículo.
Desde otra montaña, Alonso observaba cómo la herida en el costado de Siete se había vuelto a abrir, pero a ella no parecía importarle en absoluto. No aguantó más y le preguntó:
—¿No lograste obtener la respuesta que querías?
Siete miraba la camioneta alejarse a través de sus gafas tácticas. Sus ojos estaban fríos como el hielo.
—Ella no es Aura.
Aura la había entrenado con dedicación; era imposible que le hiciera daño de esa manera.
A Alonso no le sorprendió esa respuesta. Desde que Aura había sido transferida años atrás, jamás volvió a comunicarse con ninguno de ellos; seguramente ya los había olvidado por completo.
Sacó el botiquín de primeros auxilios y empezó a curarle los cortes en el cuello a Siete.
—Ahora tenemos que pensar seriamente en cómo vamos a darle la cara al jefe.
A Siete no le importaba en lo más mínimo. Cerró los ojos y dijo con voz gélida:
—Que haga lo que quiera. Lo peor que puede hacer es matarme.
Alonso detuvo lo que estaba haciendo. La miró con evidente frustración.
—No digas esas tonterías. Tu vida es importante. ¿No te negabas a hablar cuando eras niña solo para mantenerte con vida? Si no hubieras conocido a Aura, seguirías siendo la pequeña mudita de siempre. Escúchame, cuando sea el momento adecuado, nos iremos juntos de la organización. Entonces te acompañaré a seguir buscando a Aura.
Siete abrió los ojos de golpe; un destello de fuego brilló en su mirada. Era cierto, Aura nunca supo que ella no era muda.
Pero en cuanto sintió el escozor de la herida en su cuello, esa chispa de esperanza se apagó de nuevo.
¡Esa mujer no era Aura!
¡Si volvía a cruzarse en su camino, le arrancaría la vida sin dudarlo!
—Señorita Roxana, aunque intentamos bloquear la información, la matriarca de la familia principal se enteró de lo sucedido. Acaba de llegar con el señor Fernando y su esposa. Exigen verla a usted y al joven Valeriano de inmediato.
Roxana sabía que en momentos de tanta angustia era importante dar la cara frente a la familia Sandoval para tranquilizarlos.
—Vamos.
La Matriarca Beatriz y los padres de Valeriano habían escuchado rumores de que un médico misterioso había logrado estabilizarlo e incluso revertir parte de su condición.
Ninguno de los tres imaginaba que esa mejoría tan prometedora se desplomaría sin previo aviso, por lo que habían corrido hasta allí llenos de pánico.
Como nunca habían visto al misterioso benefactor de Valeriano, cuando vieron a Roxana salir en su traje quirúrgico esterilizado, todos se quedaron paralizados.
La Matriarca Beatriz miró a su hijo Fernando con los ojos muy abiertos, llena de asombro y confusión.
—Fernando... ¿no me habías dicho que Valeriano contactó a dos leyendas de la medicina? ¿Uno era el creador del Elíxir de Renovación y la otra era la famosa Doctora Alma? ¿Cómo es posible que sea la pequeña Roxana?
Aunque ella sabía muy bien que Roxana había asistido al Doctor Lorenzo para salvarla cuando estuvo al borde de la muerte, su mente aún se negaba a procesar la idea de que aquella jovencita fuera la eminencia médica que trataba a su amado nieto.

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