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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 44

—¿Qué te parece si te lanzo una taza de bebida hirviendo en la cara y tampoco te pones rencorosa?

—¿Cómo va a ser lo mismo? —replicó Yara, incapaz de contenerse.

—Tienes razón, no es lo mismo.

Para sorpresa de Yara, Roxana no discutió, sino que continuó con un ritmo pausado y calculado:

—Es diferente porque yo puedo esquivarlo, pero tú no. Yo puedo devolver la bofetada, pero tú no. Si tú fueras a quien le hubieran lanzado el té, ahora mismo estarías llorando de dolor de camino al hospital en una ambulancia. Sin la agilidad para esquivar y sin la valentía para devolver el golpe, ¡solo sirves para ser generosa a costa del sufrimiento ajeno y pedir a otros que no guarden rencor!

El rostro de Yara, perfectamente maquillado, pasó del blanco al verde de pura humillación.

Valeriano barrió a Roxana con una mirada, su rostro gélido era indescifrable.

Yara, creyendo que Valeriano estaba molesto por la lengua afilada de Roxana, se mordió el labio y fingió impotencia.

—Roxana, la verdad es que te has acostumbrado a hacer tu voluntad…

Adoptó la postura de alguien que actuaba de buena fe, pero cuyos esfuerzos eran recompensados con desagradecimiento.

Roxana la observaba, y solo podía pensar que la hipocresía de esta mujer le daba asco.

Luego, Yara desvió la mirada hacia Alcira, con un tono que escondía una doble intención:

—Señorita Maldonado, ya que usted fue quien cometió el error, pídale disculpas a Roxana. Su familia, después de todo, la crio, y ella seguramente no se lo tomará a pecho. ¿Verdad que no, Roxana?

Roxana se burló abiertamente.

—Ya que te gusta tanto pedir que la gente se disculpe, deberías estudiar diplomacia para resolver conflictos ajenos.

Yara estaba muda.

¡Tenía que aguantar! No iba a caer tan bajo como Alcira, permitiendo que Roxana la hiciera perder la compostura en público con un par de palabras.

—Pero si alguien quiere disculparse, adelante. Haré el esfuerzo de escucharla —añadió Roxana.

Estas palabras hicieron que Valeriano volviera a fijar su mirada en Roxana. Según sus observaciones, esta verdadera señorita Soler no era alguien dispuesta a soportar humillaciones. ¿Por qué iba a dejar libre a alguien que intentó hacerle daño de forma tan fácil?

Al ver que Valeriano ni siquiera le daba importancia al asunto, a Alcira se le revolvió el estómago. ¿Cómo era posible que una simple sirvienta le exigiera una disculpa sin un ápice de vergüenza?

—Ya dije que fue un accidente. Roxana, no te pasó nada, ¿por qué sigues aferrada a esto? ¿Acaso sigues celosa porque me quedé con todo lo que era tuyo, y esto es solo tu forma de vengarte?

Al escuchar esto, Yara estuvo a punto de soltarle un insulto.

—Alcira, hoy vinimos a la Mansión Sandoval porque les prometimos que intercederíamos ante Valeriano. Si sigues dándole vueltas al asunto y enfadas a Valeriano, ¡vamos a arruinarlo todo!

Un atisbo de pánico cruzó por los ojos de Alcira. Sin embargo, cuando levantó la mirada y se encontró con los ojos despectivos y arrogantes de Roxana, las palabras se le atoraron en la garganta.

¡Quién se creía Roxana! Solo era basura expulsada por la familia Maldonado. Y ahora, reducida a una simple sirvienta, ¿con qué derecho le exigía a ella, la heredera de los Maldonado, que bajara la cabeza?

Roxana, sabiendo que su orgullo de niña rica se lo impedía, no la forzó. En cambio, dijo con frialdad:

—Si no quiere disculparse, entonces hagamos lo que dijo Valeriano.

Sus palabras, pesadas como hierro, cayeron de lleno sobre Elba, llevando su cordura al límite.

Al segundo siguiente, al ver que Lorenzo indicaba a los sirvientes que escoltaran a las Maldonado hacia la salida, Elba perdió los estribos.

—¡Alcira, ¿estás loca o qué te pasa?! Es solo una disculpa, ¡no se te va a caer un pedazo! ¡¿Qué tanto lo piensas?! Escucha bien, anoche les di mi dinero. Si no van a cumplir su parte, ¡devuélvanme el cheque de inmediato, o se arrepentirán!

Yara, al ver el ataque de rabia de Elba, supo que todo se estaba yendo al diablo. Intentó detenerla, pero ya era demasiado tarde.

Al oír cómo Elba lo soltaba todo a gritos, Yara sintió como si un rayo la hubiera golpeado. Su mente se quedó en blanco y su cuerpo empezó a tambalearse.

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