—¡Claro que sí! Lo vemos por la transmisión oficial. ¡En alta definición y sin cabezas tapándonos la vista!
Roxana comprendió al instante que sus compañeros decían eso para evitar que ella quedara en ridículo si no cumplía su promesa.
¿Cómo iba a decepcionar a un grupo de chicos tan considerados?
—No se preocupen, chicos. Son solo un par de boletos, de verdad puedo conseguirlos.
Brenda soltó una carcajada burlona al escucharla.
—¡Mira nada más! ¡Tus compañeros intentan salvarte el pellejo y tú sigues alardeando! ¿Es que te gusta que te humillen públicamente? ¡Si ni siquiera Yara pudo conseguirlos, ¿cómo lo harías tú, que no tienes un peso partido por la mitad?!
Ese comentario hizo que la sonrisa triunfal de Yara Soler se desvaneciera por completo.
«¡Brenda es una imbécil!», pensó Yara. «¿Acaso está insinuando que soy menos capaz que Roxana?»
Roxana tampoco pudo evitar reír.
—Acabas de decir una gran verdad. Las cosas que yo puedo hacer, tu adorada Yara jamás podría lograrlas.
Al darse cuenta de su torpeza, Brenda se disculpó de inmediato.
—Lo siento, Yara, no quise decir eso.
Yara no quería escucharla. ¡Brenda era tan inútil como Marco Sarmiento!
—Tienes razón, Roxana —dijo Yara con tono suave pero venenoso—. En ciertos aspectos soy inferior a ti. Pero los boletos de Maison Milán son muy codiciados, casi tanto como la Semana de la Moda. No te esfuerces en aparentar. Si quieres, te cedo el mío y vemos a quién se lo damos, y para el resto, ya buscaremos la manera.
Su actitud era tan comprensiva que parecía estar preocupada por ella.
Caleb Valente, que había estado escuchando desde el pasillo, decidió intervenir en el momento oportuno.
—Yo también puedo ayudar. Mi tía es la directora de marca de Maison Milán. Ella debe tener alguna forma.
—¡¿Qué?! ¡Caleb! ¿Tu tía es la directora de Maison Milán? ¡¿Por qué no lo dijiste antes?! —exclamó Brenda, incrédula.
Si hubiera sabido que Caleb tenía esos contactos, no se habría matado intentando pasar la ronda preliminar; ¡podría haber saltado directo a la final!
Caleb leyó sus intenciones de inmediato y la miró con frialdad.
—¿Y por qué tendría que andar contándolo? ¿No tengo suficiente con que me molesten a mí, como para que también fastidien a mi tía?
Al oírlo llamarla «tía», el resto entendió de inmediato que la recién llegada era Paula Rossi, la mismísima directora de marca de Maison Milán.
Era la primera vez que Brenda veía a Paula en persona, y se apresuró a adularla.
—¡Directora Paula, es un honor! Soy amiga de su sobrino Caleb. Siempre la he admirado, es mi gran ídola. Ojalá algún día pueda llegar a ser como usted.
Paula la ignoró olímpicamente y clavó la mirada en Caleb.
—¿Otra vez causando problemas? Te dije que no usaras mi nombre para andar de presumido por aquí. ¿Acaso crees que no me atrevería a darte una bofetada frente a toda tu clase?
Al escuchar ese tono tan feroz, todos dieron un paso atrás instintivamente.
¡Qué carácter tan aterrador!
Conociendo bien el temperamento de su tía, Caleb se apresuró a negarlo todo.
Pero Paula no tenía tiempo que perder con él. Lo apartó del camino con un empujón y, al ver a Roxana, la furia en su rostro se transformó de inmediato en una sonrisa dulcísima.
—Mi querida Roxana, ¿viste qué buena amiga soy? Vine en persona a traerte los boletos. ¡Y son Asientos VIP! Esta vez no vas a dejarme plantada, ¿verdad?

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