Roxana parecía haberse dado cuenta de ese mismo patrón. Mientras continuaba su ataque frontal, abrió una pequeña ventana adicional, ejecutando un bloque de código que nadie vio en qué momento había escrito.
Lo copió y lo lanzó directamente al programa en ejecución. Ante los ojos atónitos del equipo, el sistema enemigo, que hasta ese momento se regeneraba sin parar, se congeló por completo.
Un instante después, la encriptación colapsó.
Diez segundos más tarde, la pantalla principal escupió una dirección IP.
No estaba en el extranjero. El rastro apuntaba directamente a Veridia.
El resultado dejó a todos descolocados. Pero eso no fue todo. El oponente, anticipando que su sistema sería descifrado, había dejado un mensaje final.
[S, cuánto tiempo sin vernos.]
Al leer ese nombre, la mirada de Roxana se oscureció.
Ella casi nunca iba a Veridia, ¿cómo diablos sabía esa persona quién era ella?
—¿S?
Cuando los miembros del equipo vieron esa letra mayúscula en la pantalla, sus mandíbulas casi tocaron el suelo.
El silencio fue absoluto.
¡La jovencita a la que habían subestimado resultó ser nada más y nada menos que S, la Soberana de la Red!
¡La hacker número uno a nivel mundial! Aunque llevaba años desaparecida sin dejar rastro, su leyenda seguía inspirando a programadores de todo el planeta.
Dado su extremado perfil bajo, todos en la industria asumían que S era una persona mayor que había decidido retirarse para disfrutar de una vida tranquila.
¡Nadie, absolutamente nadie, habría imaginado que S era una muchacha que apenas acababa de alcanzar la mayoría de edad!
¡Y además, con una belleza radiante!
¡Era literalmente la diosa de sus sueños hecha realidad!
—¡S! ¡¿De verdad eres S?! ¡Dios mío, ni en mis mejores sueños pensé que te vería en persona! ¡Esto es irreal!
—¡Soberana, por favor, fírmame un autógrafo!
—¡Sí, sí, yo también quiero uno! ¡No puedo creer que esté hablando con S cara a cara! ¡Voy a llegar a mi casa a prenderle una veladora a todos mis abuelos para contarles este milagro!
Uno de los técnicos se giró hacia Valeriano y suplicó:
—¡Joven Sandoval, no deje pasar esta oportunidad! ¡Tiene que contratar a S para la corporación! Con ella en el equipo, no habrá problema que no podamos resolver.
Aun así, eso no impidió que Braulio se convirtiera en la envidia de todos. Varios técnicos ya lo estaban acorralando para preguntarle por el horario de clases de Roxana, planeando hacer excursiones a la universidad solo para admirar a la Soberana de la Red estudiando como una mortal.
Sin embargo, la fantasía duró poco. Corporación Sandoval emitió un memorándum interno de inmediato, prohibiendo bajo amenaza de despido inmediato que se hablara de Roxana Soler o de la identidad de S fuera de las instalaciones de la empresa.
Todos se quedaron sin palabras.
***
Mientras tanto, en Veridia, en una mansión privada.
Un cuadro de diálogo apareció de golpe en la pantalla de una computadora encendida.
El hombre que descansaba en la cama se incorporó de inmediato al escuchar el aviso.
Tal como lo había previsto, la dirección IP que dejó como cebo había sido rastreada.
Y efectivamente, había sido obra de S.
Lo que nunca imaginó fue que la hacker que había buscado por tantos años no estaba en el extranjero, ni en Veridia, sino en Puerto Esperanza, la misma ciudad de la que él acababa de regresar.
Pero no importaba. Ya encontraría la manera de hacer que S viniera a Veridia.

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