Braulio, sentado en el extremo de la segunda fila, tecleaba con furia, luciendo como si estuviera a punto de explotar en cualquier momento. Al escuchar a los demás murmurar que habían traído a una «muchachita» para ayudarlos, soltó una carcajada cargada de desdén.
«¿De dónde sacaron a esta niñita? ¿Cómo se atreve a meter las narices en un problema que nosotros, los genios de la tecnología, no podemos resolver?» pensó.
«Si fuera mi Jefa Roxana la que viniera, tal vez...»
Ese pensamiento se detuvo en seco en cuanto sus ojos se posaron en la figura fría e imponente que caminaba junto a Valeriano Sandoval.
¡¿E-Esa no era su Jefa Roxana?!
Se puso de pie de un salto, con la intención de saludarla, pero el movimiento fue tan brusco que olvidó que tenía la laptop en el regazo. El aparato cayó al suelo con un fuerte golpe.
Al instante, todas las miradas de la sala se clavaron en él.
Incomodado y sudando frío, con el rostro rojo como un tomate, logró tartamudear:
—¡J-Jefa Roxana! ¿Qué hace usted aquí?
Roxana Soler no esperaba encontrarse con Braulio en ese lugar. ¿Acaso este chico no estaba obsesionado con entrar a M&R Global? ¿Qué demonios hacía en la Corporación Sandoval?
—Solo vine a echar un vistazo —respondió ella con calma.
—¡Oh! —Braulio se apresuró a explicarse—. Escuché que la empresa del señor Sandoval estaba reclutando talentos tecnológicos, así que vine a poner a prueba mis habilidades.
En realidad, el proyecto de investigación que tenía con Ramiro y Caleb Valente ya estaba en su fase final, pero él se había topado con un muro técnico que no lograba superar. Por eso había decidido ir a la Corporación Sandoval, con la esperanza de encontrar inspiración en los códigos que intentaban descifrar.
Por su parte, Valeriano Sandoval sabía que sus habilidades superaban con creces las de aquel muchacho impulsivo, pero el chico tenía algo que él no: juventud. Además, era evidente que ese joven tenía una personalidad apasionada, por lo que Valeriano sintió la necesidad de cortar cualquier posible amenaza de raíz.
Con total naturalidad, entrelazó sus dedos con los de Roxana y miró a Braulio con una expresión gélida.
—Roxana, ¿es este un compañero tuyo?
Cuando Braulio escuchó que el intocable Heredero Sandoval llamaba a su Jefa Roxana por su nombre de pila con tanta intimidad, abrió los ojos de par en par. Y al ver que el mismísimo futuro magnate le sostenía la mano, luciendo exactamente como una pareja de enamorados, se quedó completamente de piedra.
Valeriano, por su parte, notó la actitud defensiva y hostil del joven hacia él. Lo observó con detenimiento y se dio cuenta de que la forma en que el chico miraba a Roxana era de pura admiración, no de amor. Sin embargo, no pudo evitar preguntarse: si no estaba enamorado de ella, ¿por qué lo miraba como si fuera la peor escoria del mundo?
Tras el breve intercambio, Roxana se sentó en una silla vacía y comenzó a teclear varias líneas de código con absoluta concentración.
Los demás presentes no conocían el verdadero nivel de Roxana, pero sí conocían a Braulio. Aunque se había unido al equipo de forma temporal, su habilidad era formidable y fácilmente podía entrar en el top diez de todo el grupo. Sumado a su carisma, se había ganado el respeto de todos.
Pero ahora, viendo cómo ese mismo prodigio llamaba «Jefa» a esa jovencita con un tono tan servil, todos se morían de curiosidad por saber qué tan buena era realmente.
No tardaron en averiguarlo. A través de la proyección en la pantalla principal, vieron cómo el sistema encriptado que los había estado acorralando, retrocedía bajo el ataque de Roxana como una serpiente a la que le pisan la cabeza.
Todos se quedaron con la boca abierta.
¡¿Esta muchacha era un monstruo de la programación?!
Ellos habían estado a punto de romper el cifrado antes, pero el sistema era tan escurridizo que no solo contraatacaba sus cortafuegos siguiendo sus rastros, sino que se reparaba a sí mismo a una velocidad vertiginosa. Había estado a punto de volverlos locos a todos.

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