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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 583

En el auto.

Valeriano sostenía firmemente la mano de Roxana. Con una expresión de profunda devoción, depositó un suave beso en el dorso de su mano y murmuró:

—Mi Roxana... Jamás imaginé que la legendaria S, a quien el mundo entero ha buscado por años, fueras tú. Siempre supe que eras extraordinaria, pero no dejas de redefinir mi concepto de perfección. Encontrarte ha sido, sin duda, la mayor bendición de mi vida.

Levantó ligeramente la mirada, y en la profundidad de sus ojos se reflejó una ternura infinita, suave como la luz de la luna.

—Pero lo que más me alegra es que esta vez no me lo ocultaste, e incluso tomaste la iniciativa de ayudarme a resolver el problema. ¿Significa eso que, en tu corazón, ya no soy igual al resto?

Roxana soltó una risita suave.

—¿Y si te digo que lo que realmente me conmovió fueron esos novecientos millones?

Valeriano parpadeó, sorprendido por un instante, pero luego sonrió con más ganas.

—Si es así, entonces la próxima vez le agregaré un cero más a la cifra. ¿Ese nivel de persuasión sería suficiente para que me guardes en tu corazón?

¿Nueve mil millones?

El hombre no escatimaba en gastos.

Roxana estaba a punto de responder cuando su teléfono comenzó a vibrar.

Era su madre, Marina Montes.

—¡Mija, pasó algo terrible! —La voz de Marina sonaba al borde del colapso—. Acabo de recibir un mensaje; dicen que se llevaron a Yara de la universidad y que, si nos atrevemos a llamar a la policía, la van a arruinar para siempre y nos harán vivir una pesadilla. No puedo comunicarme con esa persona y el celular de Yara está apagado. No sé qué le están haciendo.

»Para colmo, tu hermano Darío está ocupado y no contesta. Por favor, ¿crees que puedas pedirle a Valeriano que mande a su gente a buscarla?

Al escuchar aquello, un solo nombre cruzó por la mente de Roxana como un relámpago: Agustina Méndez.

—Mamá, no te angusties. Mandaré a buscarla de inmediato. Por ahora, quédense en la casa y no salgan por ningún motivo. En cuanto sepa algo, te avisaré.

—Está bien, mija —asintió Marina apresuradamente. Al colgar el teléfono, aún se sentía como si le faltara el aire—. Rafael... Yara es una niña buena, nunca se mete en problemas con nadie. ¿Por qué alguien se fijaría en ella? Y encima quieren sacarla de Puerto Esperanza... Aunque no lleve nuestra sangre, yo la crie desde que era una bebé. ¡No puedes permitir que le pase nada malo!

Rafael Soler la tomó de los hombros con suavidad para calmarla.

—Tranquila, mi amor. Ya mandé sincronizar los datos de Yara con el sistema nacional de boletaje. Si intenta abordar un avión, un tren o un autobús hacia cualquier lado, seré el primero en saberlo.

»Además, Roxana ya te dijo que se está encargando. Con Valeriano apoyándola, ten por seguro que Yara volverá a casa sana y salva.

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