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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 610

—Ya veremos qué pasa —respondió Roxana, sin querer comprometerse aún.

Don Abelardo, siendo lo suficientemente astuto como para notar que la chica sopesaba otros planes, no insistió.

—Hoy me veré con un viejo círculo de colegas para comer. Llevan años debatiendo sobre las variables del Proyecto HMZ, y el Doctor Lorenzo estará ahí. ¿Te animas a acompañarnos para escuchar sus locuras?

Roxana lo pensó por un momento y asintió.

—Me parece bien.

De camino al lugar, Roxana abrió su teléfono y le envió un mensaje a Julián para preguntarle por el progreso de la investigación.

[Todavía no hay avances. Para que alguien pueda esconderse de nuestra red de inteligencia, no puede ser cualquier persona. Jefa, espere un poco, ¡le juro que encontraré a ese infeliz!]

Roxana frunció el ceño con ligera sorpresa. Ahora entendía por qué el misterioso hacker no se preocupó en lo más mínimo cuando ella rastreó su IP. Estaba absolutamente seguro de su barrera de seguridad informática.

«Si Julián está tan concentrado intentando desenterrar a ese experto, supongo que el asunto del Hospital Edson lo tendré que investigar yo misma», pensó, planificando sus próximos movimientos.

Poco después, llegaron al restaurante.

Roxana había asumido que comerían en un lugar lujoso como el Restaurante El Mirador, propiedad de su hermano Darío. Sin embargo, el sitio resultó ser un restaurante tradicional muy reconocido en Puerto Esperanza.

Aunque no tenía la exuberancia de la alta sociedad, su popularidad no se quedaba atrás. Estaba abarrotado.

Además, el lugar estaba decorado como si estuvieran celebrando una gran fiesta.

Roxana no le prestó mayor atención y caminó hacia la entrada junto a Don Abelardo.

—¡Roxana!

Ricardo Maldonado lucía un impecable traje a medida, parado en la entrada como un triunfador, recibiendo a los invitados con aires de grandeza.

Junto a él estaban los padres de Cristián Mota, ambos con sonrisas radiantes, recibiendo felicitaciones.

¡Jamás imaginó que Roxana lo pisotearía frente a toda la alta sociedad local!

Sintiendo las miradas burlonas clavadas en su nuca, su rostro se volvió de un color rojo furioso, perdiendo por completo la compostura.

Estaba a punto de abrir la boca cuando una tía lejana de los Maldonado saltó como fiera desde el grupo de invitados.

—¡Pero bueno! ¿Qué insolencia es esta? ¿No eres tú la pobre huérfana que el pobre Ricardo recogió por caridad? Ahora que tienes dinero, te olvidas de quién te dio de comer. ¡Y todavía tienes el descaro de llamarlo perro! ¡En mi pueblo, a una malagradecida como tú la mandarían de rodillas a suplicar perdón frente a toda la familia, y recibiría una buena tunda de sus mayores!

Otra prima se unió al ataque:

—¡Ricardo, no puedes ser tan blando! Si dejas que te falte al respeto hoy, mañana te estará escupiendo en la cara. ¡Ni siendo hija de sangre se le puede permitir una falta de respeto semejante!

—¡Por Dios! ¡Si uno adopta un perro de la calle y lo alimenta, al menos le mueve la cola y le cuida la casa! ¡A esta le diste techo, comida y lujos durante años, y mira cómo te paga! ¡Debería recibir una lección que no olvidará jamás!

Todos los familiares de la familia Maldonado, cual manada de hienas, comenzaron a ladrar uno tras otro, despellejando la reputación de Roxana a los cuatro vientos, buscando hacerla quedar como el ser más despreciable del planeta.

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