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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 618

Pero no había ni una pizca de gratitud en ellos.

Sin embargo, la acción de Roxana al romper la ventana les dio a los rehenes, que ya no se atrevían ni a respirar por el pánico, la oportunidad que necesitaban.

Aprovechando que el loco se abalanzaba hacia Roxana, tomaron las sillas y comenzaron a destrozar el resto de los ventanales.

Luego salieron corriendo despavoridos.

Notando el movimiento de reojo, Roxana retrocedió y atrajo al asesino hacia un costado.

Al llegar a un callejón sin salida, el loco la miró con rabia homicida.

—Roxana, aunque no eres hija biológica de Ricardo, podría haberte perdonado la vida. ¡Pero tuviste que meterte en mi camino! ¿Sabes lo que ese infeliz me hizo?

»Supo que dejé mi pueblo para venir a Puerto Esperanza, que no tenía conexiones aquí. Mi hijo enfermó, mi esposa perdió su trabajo y toda la presión cayó sobre mis hombros.

»No podía perder mi empleo, así que me esclavizó día y noche, y al final me acusó de filtrar información y me exigió una indemnización multimillonaria.

»Solo soy un simple trabajador. Todo mi esfuerzo no sirvió para darle una vida digna a mi familia.

»No solo no pude salvar a mi hijo ni cuidar a mi esposa, sino que mis ancianos padres tuvieron que vender su casa para pagar mi deuda.

»Ver sus espaldas encorvadas cargando costales y chatarra.

»En ese instante, ¡¿tienes idea de cuánto llegué a odiar a capitalistas chupasangres como ustedes?!

Roxana sabía que el Grupo Maldonado era un caos interno y que muchos directivos habían renunciado, pero nunca imaginó que Ricardo llegaría al extremo de exprimir así a sus empleados de nivel básico.

—Pero haciendo esto, de todos modos no vas a salvar a tu hijo. Al contrario, él, tu esposa y tus padres tendrán que cargar con el estigma de lo que hiciste hoy por el resto de sus vidas. Ya no podrás cuidar de ellos en su vejez. ¿Por qué quieres que además sufran el desprecio de todos?

El hombre se quedó congelado, y la fuerza que lo impulsaba pareció esfumarse por un segundo.

Pero rápidamente, sacudió la cabeza.

—¡¿Acaso no me obligaron ustedes?! ¡Si Ricardo me hubiera pagado mi sueldo, no habría llegado a este extremo! En cuanto la noticia de lo de hoy salga a la luz, mi familia recibirá dinero. Si es necesario, se mudarán a otra ciudad, ¡pero al menos sobrevivirán!

Sin embargo, Roxana destruyó sus ilusiones de golpe.

—No lo harán. Has herido a demasiadas personas. Incluso si te pagaran tu sueldo hoy, tu familia no podrá usarlo. Todo ese dinero será confiscado para pagar las compensaciones de las personas que acabas de atacar, la misma gente a la que más detestas.

El loco tembló de pies a cabeza, como si esa posibilidad jamás hubiera cruzado por su mente.

El brazo con el que sostenía el cuchillo cayó inerte, y se llevó la otra mano a la cabeza, con el rostro desencajado por la incredulidad.

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