Cristián sintió que una rabia inexplicable le hervía en la sangre, ¡como si Roxana le estuviera poniendo los cuernos en su propia cara!
—¡¿Quién te crees que eres para manosear a Roxana frente a mí?! ¡¿No sabes que ella es mía?!
Tanto Roxana como Valeriano lo miraron como si estuviera completamente mal de la cabeza.
—Cristián Mota —dijo Roxana con voz glacial—, si tienes tantas ganas de morir, solo dilo. ¡Estaré encantada de concederte una muerte prematura!
Al escuchar su amenaza, Cristián en lugar de enojarse, esbozó una sonrisa indulgente.
—Roxana, ¿cómo puedes hablarme así frente a extraños? Si la gente te escucha, ¿dónde quedará mi orgullo? Pero como hay pocas personas aquí, te lo perdonaré esta vez. Eso sí, que no se repita, ¡o de verdad me enojaré!
Roxana, asqueada por su actitud tan arrogante y cínica, estaba a punto de perder la paciencia.
Sin embargo, Valeriano le apretó suavemente la mano para que no se alterara. Luego, se giró con lentitud y miró a Cristián con el mismo desprecio con el que miraría un pedazo de basura.
—¿Qué orgullo les queda por defender? ¿El que perdieron cuando los echaron a patadas del banco al ir a pedir un préstamo, o el que perdieron cuando tú y Alcira fueron a hacer un escándalo a la corporación Sandoval y los arrojaron a la calle?
Cuando Cristián finalmente reconoció que el hombre frente a Roxana era Valeriano Sandoval, se quedó tan en shock que no pudo articular palabra.
¿No se suponía que Valeriano era un lisiado?
¿Cuándo se había curado?
¿Por qué no había ninguna noticia sobre su recuperación?
Pero por muchas dudas que tuviera, ¡nada justificaba que Valeriano lo humillara de esa forma!
—Cristián, ¿no nos habías dicho que alguien les iba a inyectar capital? ¿Por qué dice que los echaron a patadas del banco?
—¡Es cierto! Tienes que ser honesto. Hace poco tú y tu padre nos pidieron dinero prestado. ¡Esos son los ahorros de toda nuestra vida! ¡No pueden estar despilfarrando nuestro dinero!
—¡Ni hablar! Ya no quiero esos altos intereses que prometieron. ¡Devuélveme mi dinero ahora mismo, prefiero guardarlo yo!

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