—¡Mamá! —exclamó Elba al verla tan humillada, sintiendo tanto dolor como indignación—. Entiendo que le pidas perdón al tío Rafael y a Marina, pero ¿por qué te disculpas con Roxana? ¡Es una muchacha que ni siquiera merece tu respeto! Además, fue ella quien no tuvo consideración por los mayores en primer lugar. ¿Por qué nosotras tenemos que disculparnos? ¡No es justo!
Tan pronto como las palabras salieron de su boca, Luisa notó que el rostro de Darío se volvía completamente glacial.
Temiendo que él actuara en contra de su hija, se adelantó y le dio una fuerte bofetada a Elba.
—¡Elba, compórtate de una vez! ¡Roxana es tu prima hermana, es la adoración absoluta de tu tío y tu tía! ¡Además, de no ser por ella, nuestros veinte millones de pesos probablemente habrían terminado en manos de estafadores!
Al escuchar las palabras «adoración absoluta», los ojos de Yara temblaron con fuerza.
Si Roxana era su adoración absoluta, ¿entonces qué era ella?
Elba había sido consentida toda su vida. Nunca imaginó que llegaría el día en que la persona que más la amaba la abofetearía en público.
Avergonzada y furiosa, estuvo a punto de romper a llorar.
—¡Solo digo la verdad! ¡¿Qué hice de malo?! ¡Siempre he hecho de todo por ti y me golpeas por alguien de afuera! ¡No volveré a hablarte nunca más!
Tras gritar esto con voz quebrada, empujó con fuerza a los guardaespaldas y salió corriendo.
—¡Elba! —gritó Luisa, con el corazón destrozado. Pero como la crisis aún no había terminado, no se atrevió a irse. Solo miró a Darío con ojos suplicantes.
El ceño fruncido de Darío no se relajó en absoluto; por el contrario, advirtió con voz fría:
—Tía Luisa, si no corriges a tu hija, me temo que lo pagará muy caro en el futuro.
Luisa asintió repetidamente. Luego miró a Rafael.
—Rafael, perdóname por esta vez. Elba es tu propia sobrina. Sé que me queda poco tiempo, en el futuro tendré que depender de ti y de Marina para que cuiden de ella...
Al decir esto, la tristeza la invadió y rompió a llorar desconsoladamente.
Por mucho que Rafael estuviera molesto, verla tan indefensa lo ablandó inevitablemente.
—Está bien. Ya que sabes que Elba está malcriada, encárgate de educarla. En cuanto a tu enfermedad, pensaré en buscar otra solución.
El rostro de Luisa se llenó de gratitud.
Pero, dado que sus padres preferían dejarlo pasar, no había necesidad de insistir.
Roxana se haría de la vista gorda siempre y cuando Luisa fuera inteligente y no volviera a cruzarse en su camino. Pero si se atrevía a caer en sus manos nuevamente, no dudaría en ayudar a sus padres a deshacerse del problema para siempre.
—Roxana, aunque tu tía se excedió esta vez, sigue siendo la única hermana de tu padre, y padece de una enfermedad terrible —explicó Marina con suavidad, temiendo que su hija se decepcionara—. A tu padre le cuesta ser duro con ella. No te lo tomes a pecho.
—No lo haré —negó Roxana con la cabeza—. Pero esta fue la única vez. A la próxima no seré tan blanda.
Marina respiró aliviada.
—Gracias por comprender, mi niña. Mamá no permitirá que una situación como esta vuelva a ocurrir.
Rafael se sintió más tranquilo al ver que su hija no estaba resentida.
No era muy bueno consolando a sus hijos, así que intercambió unas pocas palabras cordiales con ella.
Nadie se dio cuenta de que Yara, que estaba a un lado, ya había desaparecido de su lugar.

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