En cuanto Yara cruzó la puerta principal, vio que el auto de Luisa Soler seguía estacionado frente a la entrada.
Al verla salir, Luisa bajó la ventanilla del vehículo.
—Sabía que saldrías.
En ese instante, Luisa había perdido todo rastro de debilidad y agotamiento. Aunque aún tenía un ligero corte en el mentón, ya había sido limpiado y había recuperado la soberbia postura de una gran señora de sociedad.
Elba, sentada a su lado, parecía haberse calmado y, al ver a Yara, la saludó en voz baja.
En cuanto a la bofetada que había recibido, aunque sonó escandalosa, en realidad no le había dejado ninguna marca en la piel.
Yara sonrió con dulzura y se acercó.
—Vine a despedirte, tía Luisa.
Luisa se acomodó el cabello detrás de la oreja y le dirigió una mirada profunda.
—Yara, a decir verdad, siempre has sido la persona en quien más confío. Creciste bajo el cuidado de mi hermano y mi cuñada, recibiste la educación más prestigiosa y eres la hija que más orgullo les causa. Por más que esa hija biológica haya regresado, estoy convencida de que Roxana no es rival para ti.
Elba asintió desde adentro del auto.
—¡Así es! Yara es la verdadera joven distinguida. Esa pueblerina no es nada, no tiene ningún derecho a competir contigo. Mamá, ¿por qué no propones que ingresen primero el nombre de Yara en el Linaje Familiar? Así le bajaremos los humos a Roxana y le demostraremos de lo que somos capaces.
Eso era exactamente lo que Yara había estado esperando. Sus ojos se iluminaron al instante.
Luisa leyó a la perfección las intenciones de la joven y esbozó una sonrisa.
—De hecho, es algo que he estado planeando. Sin embargo, registrar a alguien en el Linaje Familiar no es cualquier cosa; hay que convencer a los patriarcas de la familia Soler y presentar méritos sobresalientes. Por eso, no podemos apresurarnos.
Yara, consciente de esa regla, no perdió el tiempo y añadió:
—Tía Luisa, ya fui admitida como participante en el Concurso de Música Dorada. Es la competencia más importante del país. Si logro llevarme el primer premio, existe una enorme probabilidad de que el Maestro Ezequiel me acepte como su aprendiz.
Elba abrió los ojos de par en par, completamente maravillada.
—¿El Maestro Ezequiel? ¿Ese genio que sacudió a toda la nación con su composición «Sierras y Ríos»?
¡Aquel hombre era una figura legendaria perseguida por políticos y celebridades en todas partes!
Luisa también conocía el peso de ese nombre. Su fama no solo resonaba a nivel nacional, sino que tenía un fuerte impacto internacional. Si Yara lograba forjar ese vínculo, las opciones de matrimonio para Elba en un futuro también se ampliarían drásticamente.
Incluso si ella misma no lograba vencer al cáncer, le aseguraría una vida de opulencia a su hija.
Yara dedujo fácilmente los pensamientos de la mujer mayor.
—Tía Luisa, Elba es como mi propia hermana. Si llego a triunfar, por supuesto que ella será de las primeras en verse beneficiada.
¿Cuál de los dos valdría más?
—Roxana, este es el regalo que escogí para ti, ábrelo para que veas si te gusta.
Roxana observó el logo del estuche. Otra vez, Maison Milán.
En lugar de tomarlo de inmediato, le lanzó una pregunta directa.
—¿Te gusta mucho Maison Milán?
Darío se quedó un poco descolocado. Observó la caja por un segundo y luego respondió en tono casi tentativo:
—Maison Milán es una marca muy exclusiva que se ha popularizado en los últimos años. Aunque todavía no forma parte de la línea de marcas de hiper lujo, tiene un enfoque muy artístico y es la favorita de las mujeres jóvenes. Incluso Yara es una gran admiradora. ¿Acaso a ti no te gusta?
Aprovechando la apertura, Yara intervino con suavidad.
—Así es, Roxana. Todos los diseños de Maison Milán son espectaculares. Quizás no lo sabías, pero un modelo de edición limitada como el que tiene Darío en sus manos es único a nivel mundial. Jamás tendrás que pasar por el bochorno de ver a otra persona usando la misma joya que tú.
Marina, que había estado escuchando, no pudo ocultar su fastidio ante el tono condescendiente de Yara, como si insinuara que Roxana ignoraba el valor de las cosas de alta gama.
—Mi joyero está a la entera disposición de Roxana para que escoja lo que se le antoje. Cruzarse con alguien que lleve la misma joya no es un problema del que ella tenga que preocuparse nunca.

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