Mónica sabía perfectamente que el «Valeriano» que mencionaba su tía no era otro que el heredero de la influyente familia Sandoval.
Al pensar en aquel hombre, tan inalcanzable y perfecto como la luna en el cielo, no pudo evitar preguntar con urgencia:
—Tía Marina, ¿a qué te refieres con que curó al señor Sandoval?
Como todos los presentes eran familia, Marina no vio motivo para ocultarlo.
—Valeriano ya puede ponerse de pie y caminar. Confiamos en que, con un poco más de tiempo, se recuperará por completo.
La brutalidad del accidente que había sufrido Valeriano era un secreto a voces en la alta sociedad de Veridia. Cuando fue trasladado a Puerto Esperanza para su convalecencia, la élite dio por sentado que su vida había terminado.
Aunque despertara del coma, todos aseguraban que quedaría paralítico de por vida. ¡Jamás volvería a ser el brillante e imponente Valeriano Sandoval que todos admiraban!
Y ahora... ¿podía caminar?
El corazón de Mónica latió con fuerza, lleno de una extraña emoción.
Hilda, por su parte, estaba atónita por otra razón.
—Pero yo tenía entendido que Roxana creció en Puerto Esperanza bajo condiciones muy precarias, ¿cómo es posible que haya desarrollado habilidades médicas de ese nivel? ¿Acaso estudió bajo la tutela de algún maestro famoso?
Desde niña, Mónica había sido instruida rigurosamente por su padre y siempre fue considerada el orgullo y la promesa de la medicina natural en la familia Montes. Si su hija lograba ser aceptada por el mismo mentor de Roxana, ¡seguro alcanzaría la grandeza!
La pregunta de Hilda tomó a Marina por sorpresa. Últimamente, había estado tan deslumbrada por la genialidad de su hija que ni siquiera se le había ocurrido preguntarle sobre sus orígenes médicos.
Fue Rafael quien respondió con tono apacible:
—Es verdad que nuestra niña no tuvo una vida fácil antes de volver con nosotros. Gran parte de lo que sabe lo aprendió por su propia cuenta estudiando incansablemente. Pero si tuviéramos que hablar de un maestro formal, diría que es la Maestra Vera Herrera. Hace poco, la Maestra Vera fue a visitarnos personalmente para ver a Roxana.
—¡¿La Maestra Vera?! —Mónica ahogó un grito, sintiendo que el suelo desaparecía bajo sus pies.
Vera Herrera era una eminencia a nivel internacional y la máxima autoridad médica del país. A lo largo de su prestigiosa carrera, solo se le conocían dos discípulas oficiales: Gisela, la heredera de la poderosa familia Rivera, y otra persona cuya identidad había sido un absoluto misterio.
¡Y resultaba que la misteriosa genio era su propia prima!
¡Y, por si fuera poco, la Maestra Vera había ido personalmente a visitar a sus tíos por respeto a ella!
¡Semejante honor era inaudito!

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