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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 632

«¡Cómo va a ser posible!», pensó Yara.

Rápidamente abrió la caja que tenía en las manos. Era una hermosa figura de colección de una chica soplando las velas de su pastel de cumpleaños.

Al darle la vuelta, encontró una letra finamente tallada en la base.

Una «R».

Se quedó paralizada, como si le hubiera caído un balde de agua fría.

¡Era la R de Roxana!

¡Así que Mateo no había preparado todo esto exclusivamente para ella, sino para Roxana!

Su hermano mayor era un hombre sumamente ocupado; la mitad del tiempo estaba en Francia cerrando negocios internacionales o viajando por el mundo. Si ella quería cenar con él, tenía que agendarlo con un día de anticipación.

Y sin embargo, ese hombre inalcanzable se había tomado el tiempo de preparar todo esto para Roxana.

¡Cómo no iba a estar celosa!

—¡Sí! El mío es un relicario de oro puro y también tiene grabada la letra R —confirmó otra empleada—. Y al lado de la letra tiene un número 0. ¿Qué significa ese cero?

Al escuchar eso, Marina Montes de Soler abrió otra caja rápidamente.

Era una delicada bailarina con un vestido de princesa.

En la base también estaba la letra R, pero el número era diferente.

Un 9.

Alguien en la sala ató cabos de inmediato.

—¡Señora, creo que esos números representan la edad de la señorita Roxana! Mire: el año 0 es el relicario de bebé, el año 1 es un overol, el año 2 es un moño para el cabello, el año 3 es un castillo de juguete... ¡Y el año 19 es un retrato familiar!

Roxana no se esperaba que el hermano mayor al que ni siquiera conocía fuera tan detallista.

Había querido llenar el vacío de sus primeros diecinueve años de vida con regalos.

Había escuchado historias de compañeros de clase cuyos hermanos mayores hacían ese tipo de cosas, pero nunca lo había vivido en carne propia.

Ahora, experimentándolo por primera vez, se dio cuenta de lo cálido que se sentía.

Tan cálido que casi le parecía que la felicidad por fin estaba llamando a su puerta.

En ese instante...

—¡El joven amo! ¡El joven amo ha llegado! —anunció uno de los empleados desde la entrada.

Su expresión de piedra se suavizó un poco y dio un paso hacia ella.

—Roxana. Soy tu hermano mayor, Mateo.

Roxana miró a ese hombre que compartía tantos de sus rasgos faciales y sonrió levemente.

—Hola, Mateo.

Al ver a su hermana menor, tan hermosa y de voz tan dulce, una pequeña ola de calidez removió el corazón habitualmente gélido de Mateo.

—Los regalos... ¿te gustaron?

Roxana asintió con una sonrisa.

—Me encantaron. Especialmente el último.

Los labios de Mateo se curvaron en una ligerísima sonrisa. Ese había sido el regalo en el que más esfuerzo había invertido.

Había contratado a más de cien artesanos expertos y tardaron diez días en completarlo.

Yara, al ver cómo Mateo y Roxana se sonreían con tanta complicidad, notando lo parecidos que eran, sintió que todas las alarmas de peligro se disparaban en su cabeza.

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