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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 638

Rafael, preocupado de que la agitación emocional empeorara el estado de los ancianos, intervino rápidamente:

—Suegros, el regreso de Roxana es la bendición más grande para nuestra familia. Pero quiero que sepan algo: si hoy están despiertos, es todo gracias a ella. De no ser por sus impresionantes habilidades médicas, que la llevaron a hacerse cargo de la cirugía en pleno quirófano, ustedes probablemente seguirían en coma.

—¿Qué? ¿Roxana fue quien nos salvó? —exclamaron don Hipólito y doña Isabel al unísono, completamente atónitos.

Cuando despertaron, el rector del hospital había ido a verlos y les comentó que habían tenido muchísima suerte al toparse con una «verdadera eminencia médica».

Por eso, salvo por las leves molestias de las fracturas óseas, no sentían ninguno de los síntomas postoperatorios típicos, como mareos o dolores de cabeza agudos.

Y como todos se referían a ese médico con tanta reverencia, los abuelos dieron por sentado que se trataba de algún viejo especialista de renombre.

¡Jamás se imaginaron que la salvadora fuera su propia nieta!

Mateo no se quedó atrás en su asombro.

Tanto sus padres como su hermano menor le habían dicho que Roxana era extraordinaria, pero no tenía idea de hasta qué punto.

Solo en ese instante comprendió la verdadera magnitud del talento de su hermanita. El director y el subdirector del hospital privado de los Soler pertenecían a la élite médica de Veridia. Si las habilidades de su hermana los superaban, ¿significaba que Roxana estaba al mismo nivel que el legendario don Abelardo?

Marina, creyendo que sus padres dudaban por la sorpresa, se apresuró a confirmar:

—Es cien por ciento cierto, papá. El propio director del hospital admitió que la habilidad de Roxana supera la suya.

Don Hipólito y doña Isabel cruzaron miradas. Ambos conocían muy bien las exigencias y el nivel del personal de sus clínicas.

Si el mismísimo director confesaba sentirse inferior profesionalmente, ¡quedaba claro que esta niña era un genio médico fuera de este mundo!

La conmoción inicial de doña Isabel se transformó rápidamente en un dolor maternal. Tomó la mano de Roxana con infinita ternura y suspiró:

—Ay, mi niña... cuánto has tenido que esforzarte.

La medicina era una disciplina exhaustiva y compleja. Que una chica tan joven alcanzara semejante nivel de maestría no era solo cuestión de talento.

El talento importaba, sí, pero los sacrificios y el trabajo duro detrás de ello debían haber sido brutales.

—Abuelo, abuela, mi hermana tiene toda la razón. Lo primordial ahora es su recuperación, para que todos podamos seguir consintiéndolos como se merecen.

Al ver a su impecable nieto mayor, los rostros de los ancianos brillaron con aún más dulzura.

—Qué bueno que volviste tan pronto, Mateo. Escuchen bien, aunque estemos en estas camas de hospital, nada va a retrasar la Gala de Presentación de Roxana. Fijen la fecha. Mientras podamos mantenernos sentados, estaremos ahí presentes.

Tras discutir un rato las agendas, acordaron que el gran evento social se llevaría a cabo el sábado de la próxima semana.

Fue solo entonces que doña Isabel reparó en la presencia de Yara.

La joven estaba de pie cerca de la puerta, cabizbaja, como si no tuviera el valor de acercarse a ellos.

Doña Isabel sintió una leve opresión en el pecho. Ella había criado a esa niña y la había mimado toda la vida. Aunque nunca fue alguien de llamar la atención escandalosamente, Yara siempre había sido una joven vivaz y radiante.

Verla ahora tan apagada y relegada a un rincón, le dejó un sabor amargo.

—Yara, mi niña, ¿qué haces ahí escondida en la puerta? Ven acá, deja que tu abuela te vea bien.

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