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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 637

Terminada la cena, recibieron una llamada urgente desde el hospital: los abuelos habían despertado.

Nadie esperaba que fuera tan rápido, así que todos salieron corriendo hacia la clínica.

Incluso Mateo, que estaba a punto de conectarse a una videoconferencia importante, pospuso todo para acompañarlos.

En un principio, Mateo iba a ir en el mismo auto que Roxana, pero Yara, aterrada de que la recién llegada aprovechara el viaje para hablar mal de ella a sus espaldas, se coló en el vehículo con la excusa de querer ir con su hermano.

Pero como Mateo detestaba ir apretujado en la parte de atrás, Yara terminó relegada al asiento del copiloto.

Durante todo el trayecto, Mateo estuvo inmerso en su computadora portátil resolviendo asuntos de la empresa, sin cruzar palabra con ninguna de las dos.

En un par de ocasiones intentó levantar la vista para hablar con Roxana, pero se dio cuenta de que su hermanita tecleaba a una velocidad vertiginosa en su celular. Parecía estar incluso más ocupada que él, que era el mismísimo presidente del imperio Soler, así que prefirió no interrumpirla.

Los tres llegaron al hospital en completo silencio.

Apenas bajaron del auto, Roxana recibió una llamada de Paula Rossi.

—¡Chiquilla! ¿Qué pasa contigo? ¿No se supone que llegaste a Veridia desde ayer? Te pedí que vinieras un rato a la sede principal de la empresa, ¿cómo es posible que no tengas tiempo?

Roxana miró de reojo a Mateo, que estaba siendo bombardeado por las preguntas de Yara, y se apartó unos pasos antes de responder en voz baja:

—Tengo un asunto familiar importante, no puedo irme ahora.

—¿Y mañana? ¡Si no fuera algo urgente de vida o muerte no te estaría rogando! Necesitas venir mañana sin excusas. Hubo un problema grave con el pedido de un cliente antiquísimo y los de tu equipo no saben cómo resolverlo. Si no vienes a la oficina, ¡te juro que me aparezco en tu casa!

Roxana suspiró y no tuvo más remedio que aceptar.

Tenía planeado visitar los laboratorios de M&R Global a primera hora de la mañana para supervisar unos avances, pero tendría que posponerlo.

El grupo completo caminó por los pasillos hasta llegar a la habitación VIP donde estaban don Hipólito y doña Isabel de Montes.

Una de las enfermeras que salía del cuarto vio a Roxana y sus ojos se iluminaron al instante.

—Señor Soler, señora Marina, señorita Roxana... qué bueno que llegaron. Los abuelos acaban de despertar y preguntaron por ustedes de inmediato.

Yara, que iba rezagada caminando detrás de todos, sintió un pinchazo de coraje al escuchar a la enfermera llamar a Roxana «señorita Roxana».

Antes, todo ese personal se desvivía llamándola a ella «señorita Yara» para arriba y para abajo. Ahora resulta que a la recién llegada le rendían pleitesía como si Yara fuera invisible.

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