—¡Tú...! —Mónica apretó los dientes, sorprendida de que Yara siguiera tan altanera a pesar de haber perdido su ventaja legítima.
Yara clavó su mirada en ella, como si quisiera desafiar a todos los que dudaban de su valor, y siseó cada palabra:
—En cuanto a fingir, admito que no te llego a los talones. Siempre te han encantado los lujos y la atención, pero te vendes al mundo como alguien humilde y desinteresada. En cambio, yo sé lo que quiero y peleo por ello con uñas y dientes.
En la universidad, Mónica mantenía una imagen inalcanzable y fría, ganándose la devoción de todos por su habilidad médica, exactamente como Yara solía hacerlo en Puerto Esperanza.
Al ver su fachada al descubierto, la mirada de Mónica se volvió venenosa.
—Lo que tú tienes que pelear, yo lo obtengo con solo extender la mano. Ya sea el respeto de la familia Montes o la influencia de la familia Soler. A fin de cuentas, si el Grupo Soler es lo que es hoy, es gracias al respaldo financiero de mi familia.
—Deja de colgarte medallas que no son tuyas —se burló Yara—. Si mi padre llevó al Grupo Soler a la cima, fue por su propio esfuerzo y el de mis hermanos. ¿Qué tiene que ver la familia Montes? Cuando mi padre fundó la empresa y quiso pedirle un préstamo a tu padre, tu madre se lo negó en la cara. Y ahora que los Soler somos los amos de Veridia, tú y tu madre se la pasan rogando atención. ¿No les da vergüenza?
—Yara, mi madre es tu mayor. ¿Cómo te atreves a...?
—¿Y por qué no habría de atreverse?
Gisela apareció caminando con aplomo en un ceñido vestido con hombros descubiertos. En comparación con ellas dos, Gisela desbordaba una elegancia majestuosa.
Al verla, Mónica empalideció.
La familia Rivera estaba por encima de los Montes en jerarquía. Al ser la única hija de su clan, Gisela era intocable y arrogante por naturaleza. Mónica no se atrevía a ofenderla.
Gisela la miró con absoluto desdén.
—Creo haberte escuchado decir que la familia Soler le debe todo su éxito a los Montes. Qué curioso... Mi padre me contó que el tío Rafael construyó su imperio desde cero. ¿Será que mi padre me mintió? Quizás debería ir a preguntarle a los tíos ahora mismo.
—¡No, señorita Rivera! —Mónica entró en pánico. Si Gisela abría la boca, su padre la mataría y se ganaría el odio definitivo de su tía Marina.

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