¡Lo que Roxana decía, se hacía!
De haber sabido que le harían ese desplante, jamás habría sacado un vino de ese nivel.
¡Qué desperdicio!
—¿Quieres probar? —preguntó Caleb, deteniéndose junto a Roxana y ofreciéndole la copa. Al ver que ella no la tomaba, se apresuró a aclarar—: Aún no le he dado ningún trago.
—No, gracias. No suelo tomar alcohol por las noches —respondió Roxana de manera cortante.
En sus años de vida, a estas horas de la noche o estaba salvando a un paciente en quirófano o estaba encerrada en el laboratorio haciendo investigación.
Simplemente no tenía la costumbre de tomar en ese horario.
Al ver su negativa, Yara no perdió la oportunidad de hacerse la experta y le sirvió una copa directamente.
—Ay, Roxana. Seguro no quieres probarlo porque no conoces el Viñedo Real. Este es un vino de un millón; su proceso de fermentación es extremadamente estricto. No tiene ninguna impureza, así que no te va a inflamar el estómago ni te va a dar resaca. Anda, pruébalo. De lo contrario, cuando alguien en la alta sociedad te pregunte por él y no sepas qué decir, vas a hacer el ridículo.
Su voz sonaba dulce y aterciopelada, pero el veneno de sus palabras dejó a más de uno confundido.
¿No se suponía que las dos diosas eran primas?
Y parecían llevarse mejor últimamente, ¿por qué el ambiente de repente se sentía tan tóxico?
Caleb frunció el ceño, claramente molesto.
—Yara, si la compañera Soler quiere tomar o no, es su decisión. Nadie tiene por qué obligarla.
Yara soltó una risita, haciéndose la víctima.
—Nadie la está obligando, solo le estoy dando un consejo. Como Roxana va a quedarse a vivir en Veridia, conocer al derecho y al revés todos estos lujos es parte de la etiqueta social más básica.
Braulio, al escuchar tanta tontería, no aguantó más e intervino.
—Jefa, la neta mejor ni te quedes en Veridia. Todo es puro protocolo y reglas ridículas. Mejor regrésate con nosotros a la Universidad del Sur en cuanto acabe la competencia, ¿no crees?
El rostro de Yara se paralizó.
Lorena, al notar la tensión, saltó a defenderla de inmediato.
—Roxana, la Reina Yara es la hija del magnate de Veridia. Las cosas con las que creció y a las que tiene acceso no tienen nada que ver con nuestro mundo. Todo lo que acaba de explicarnos sobre el vino me dejó con la boca abierta. ¿Cómo te atreves a decir que es solo "lo poquito"? ¿Acaso sabes más de vinos que la Reina Yara?
Roxana, sin perder ni una pizca de su calma glacial, respondió:
—De vinos no sé mucho, pero sí conozco perfectamente el Viñedo Real. Sé en qué época exacta del año cosechan las uvas, cómo las clasifican con base en su variedad y calidad, y cómo procesan el mosto para producir el vino en un entorno completamente estéril y libre de contaminantes.
Al escucharla, Lorena soltó una carcajada burlona.
—Ay, Roxana, si no sabes, mejor ni te inventes cosas. Estábamos hablando de vinos carísimos, ¿qué tienen que ver las uvas? ¡Qué ridícula! ¡Jajaja...!
Esperaba que todos estallaran en risas con ella.
Sin embargo, el silencio cayó sobre la sala como una lápida de plomo.

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