Yara le estaba indicando al mesero que les sirviera el vino a sus compañeros cuando escuchó la voz de Roxana aguándole la fiesta. Su mirada se ensombreció de inmediato.
Sin embargo, mantuvo intacta su sonrisa angelical.
—Ay, Roxana, el grado de alcohol del vino es muy bajo. Con una sola noche durmiendo es más que suficiente para que el cuerpo lo elimine. Además, todos estamos muy emocionados por reunirnos, no pasa nada por tomar un poquito. Te preocupas demasiado.
Pero los estudiantes, que de por sí ya no querían tomar, encontraron en las palabras de Roxana la excusa perfecta y pusieron sus copas sobre la mesa al instante.
—Reina Yara, aunque el grado sea bajo, el vino suele pegar fuerte al final. Mejor pasamos.
—Sí, la verdad es que este año el director nos puso metas altísimas. Si nos quedamos estancados en el top diez como la vez pasada, nos van a poner a escribir un reporte larguísimo de castigo cuando regresemos.
—Reina Yara, ¿qué te parece si mejor guardamos este vino y brindamos con él en la fiesta de celebración después de ganar?
Aunque los estudiantes de la Universidad del Sur venían de familias acomodadas, ninguno estaba dispuesto a despilfarrar miles de pesos en un par de copas.
En el fondo, sí se les antojaba probarlo.
Pero el rumor era que en esta Liga Interuniversitaria estarían presentes pesos pesados del mundo académico y médico. Si lograban destacar y algún experto de talla mundial los tomaba como pupilos, sus vidas darían un giro de ciento ochenta grados.
Nadie iba a jugar a la ruleta rusa con su futuro.
Al ver cómo su gran gesto era rechazado, la sangre de Yara empezó a hervir de coraje.
«¿Acaso no tienen cerebro?», pensó. «¡Es un vino lujosísimo, jamás les causaría problemas! ¡Bola de muertos de hambre sin clase!»
Aunque maldecía por dentro, su rostro se arrugó en una perfecta máscara de tristeza.
—El problema es que una vez que el vino se decanta, sus propiedades se alteran. Si no se toma, se va a agriar y ya no sirve para guardarse. Básicamente, si no se lo toman en los próximos diez minutos, se echará a perder por completo.
Lorena brincó de inmediato a defenderla.
—Oigan, qué aguafiestas son. La Reina Yara trajo algo carísimo exclusivamente porque los aprecia, y ustedes salen con sus paranoias. Que si esto, que si lo otro. ¿No les da remordimiento despreciarla de esta forma?
Sus palabras hicieron sentir mal a un par de estudiantes, quienes se miraron dudando.
—Compañera Soler. —Caleb Valente, que no había abierto la boca en todo el rato, se dirigió de pronto a Roxana—. ¿Con una sola copa el riesgo debería ser bajo, verdad?


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