—Me enteré de que fuiste a una reunión con tus compañeros esta noche. ¿Te divertiste?
La voz de Valeriano era magnética y suave, como una brisa en una noche de verano que transmite paz y comodidad.
—Sí, estuvo bastante bien. ¿Ya terminaste con tus asuntos? —respondió Roxana con una sonrisa, sin mencionar el mal trago de la reunión.
Valeriano estaba de pie frente a la ventana de su oficina en el último piso del edificio de la Corporación Sandoval.
El vasto e imponente paisaje nocturno se extendía detrás de su elegante silueta, como una bestia domada que había escondido las garras para rendirse ante él.
—Aún no, pero casi.
Acababa de regresar y, aunque en el pasado le había generado enormes beneficios a la Corporación Sandoval, tres años eran tiempo suficiente para que muchas cosas cambiaran.
Necesitaba limpiar la casa y deshacerse de aquellos que habían olvidado su lugar.
Roxana captó de inmediato el tono gélido oculto en sus palabras y entendió a la perfección la situación.
Cuando la lealtad empieza a flaquear, incluso la mayor autoridad se diluye con el paso del tiempo.
Para restaurar su prestigio, iba a necesitar tiempo.
—Entiendo. Si necesitas algo, no dudes en llamarme.
Valeriano conocía muy bien las habilidades de su pequeña. Aunque ella no lo hubiera dicho abiertamente, estaba seguro de que tenía participación en M&R Global, la empresa que Julián administraba.
Uno de los proyectos clave de la Corporación Sandoval en ese momento estaba relacionado con M&R Global en el extranjero.
Sin embargo, él no necesitaba que ella se ensuciara las manos con esos empleados menores de su propia empresa.
—De acuerdo. ¿Hasta qué hora vas a estar afuera esta noche? Puedo pasar a recogerte.
Llevaban dos días sin verse.
La extrañaba demasiado.
—Mateo y yo ya estamos de camino a casa.
Valeriano se quedó en silencio por un segundo.
«¿No está siendo Mateo un poco demasiado servicial?», pensó. Esas atenciones deberían ser exclusividad suya, el prometido.
Al notar que el tono de voz de su hermana se había suavizado, Mateo supo de inmediato quién estaba del otro lado de la línea. Cuando la escuchó mencionarlo, giró la cabeza para mirarla.
—¿Me dejas decirle unas palabras?
Yara, quien iba en el asiento del copiloto sin atreverse siquiera a respirar fuerte, sentía que el corazón se le consumía en ácido al ver cómo Roxana contaba con la protección incondicional tanto de Valeriano como de Mateo. Los celos la devoraban por dentro.
Pero como había notado que el humor de Mateo no era el mejor, prefirió no abrir la boca para no provocarlo.
Con una mezcla de ansiedad y nerviosismo, llegaron a la mansión Soler.
Marina y su esposo, Rafael, estaban revisando folletos de diferentes escuelas en Veridia. Tras el incidente de inseguridad en la Universidad del Sur, ahora le daban prioridad absoluta a las medidas de seguridad.
Si su hija iba a seguir estudiando, pasaría más tiempo en el campus que en casa.
Su seguridad era innegociable.
Todavía no habían encontrado una que los convenciera por completo cuando escucharon a Agustina gritar desde la puerta.
—Joven Mateo, señoritas, ¡qué bueno que llegaron!
Marina y Rafael dejaron los folletos a un lado y miraron hacia la entrada.
Al ver a Roxana, Marina se levantó con sorpresa.
—Hija, Yara, ¿por qué regresaron tan temprano?

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