Darío no tenía ni la menor idea de la existencia de ese rumor. El día que la acompañó a registrarse, es verdad que se cruzaron con algunos idiotas que intentaron buscarle problemas a su hermana.
Pero como ella misma les dio una lección en el acto y los dejó callados, él pensó que el asunto había terminado ahí.
Al fin y al cabo, solo eran un montón de universitarios y no quiso hacer un drama mayor.
Sin embargo, al escuchar esto ahora, se daba cuenta de lo equivocado que estaba.
Si ese rumor seguía vivo a estas alturas, era obvio que todo el mundo se lo había creído y que nadie había movido un dedo para defenderla.
¡Todo había sido culpa suya como hermano!
—Papá, mamá, Mateo, Roxana... fue mi culpa. Nunca me imaginé que las cosas llegarían a este punto. De verdad no escuché nada sobre esos rumores. Si lo hubiera sabido antes...
Sabía perfectamente que de nada servía lamentarse ahora.
—¿Si lo hubieras sabido antes? —espetó Mateo con un bufido frío, su mirada afilada destilando una gélida severidad—. Para empezar, nunca debimos dejar que fueras tú a acompañarla.
Darío, sabiendo que no tenía excusa, agachó la cabeza sin atreverse a replicar.
Rafael, con el rostro ensombrecido, intervino:
—Tenemos que llegar al fondo de esto. ¡Voy a averiguar quién fue el primero en inventar ese chisme y le exigiré una explicación formal a nuestra familia!
Marina respaldó por completo la decisión de su marido.
—Roxana es nuestra hija, nos costó mucho encontrarla. Al principio no quisimos hacerlo público por cuestiones de seguridad, ¡pero no voy a permitir que unos don nadies inventen basuras para difamarla! No se los voy a perdonar. Hija, ¿tienes cuenta en redes sociales?
Roxana asintió; por supuesto que la tenía.
Aunque solo era una cuenta común para pasar desapercibida.
Sus verdaderos perfiles se movían en redes profundas que no podían salir a la luz.
—Perfecto. Mateo, comunícate con el departamento de relaciones públicas del Grupo Soler y vinculen la cuenta de tu hermana. Vamos a anunciar su identidad oficialmente.
—Rafael, nuestras familias también deben emitir comunicados conjuntos.
—¡Y ustedes dos, Mateo y Darío, ni piensen quedarse de brazos cruzados! ¡Quiero que publiquen en todas partes!

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