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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 791

Tal como Valeriano Sandoval había previsto, Mateo Soler no pudo asistir al evento.

No fue por falta de una invitación, sino porque las operaciones de su empresa en la región sufrieron un revés. Hubo una importante filtración de datos y Mateo tuvo que quedarse al mando para gestionar la crisis.

—Mateo, no te preocupes por mí, estaré bien —dijo Roxana por teléfono—. En cuanto consiga el Ginseng de las Nieves, me iré de aquí.

—De acuerdo. Si necesitas cualquier cosa, llámame de inmediato. No te arriesgues ni dejes que nadie te falte al respeto.

Tras colgar, Roxana se despidió de Valeriano en la entrada de la majestuosa finca.

Cuando su invitación pasó por el escáner, el encargado de recepción abrió los ojos de par en par.

¡Era un pase de categoría suprema!

Ese nivel de acceso estaba reservado casi exclusivamente para la realeza.

¿Cómo era posible que aquella chica tan joven, que ni siquiera figuraba en las revistas de la alta sociedad, tuviera algo semejante?

Sin embargo, el empleado no se atrevió a cuestionarla. Consciente de que no tenía el rango suficiente para atenderla, se inclinó con profundo respeto.

—P-por favor, pase a la sala de espera un momento. Iré a buscar al gerente para que la acompañe personalmente.

Los murmullos no tardaron en estallar a su alrededor.

—¿Escuché bien? ¿Dijo que el gerente vendría a recibirla en persona?

—Sí, yo también lo oí. ¡Pero si los requisitos de la Casa de Subastas de la Corona son altísimos! Aparte de la realeza, nadie tiene derecho a que el gerente lo reciba. ¿De qué país será princesa esa chica?

—Ni idea. Le tomé una foto disimuladamente para buscarla en internet, ¡y no aparece por ningún lado!

—Qué extraño. O su estatus es tan alto que la prensa no tiene permitido publicarla, o no es nadie importante y solo es pariente del gerente.

—¿Pero no se fijaron en su vestido? Estoy segura de que no pertenece a ninguna de las marcas de lujo que conozco. ¿Creen que sea un diseño exclusivo hecho a medida?

—Ahora que lo mencionas, yo tampoco he visto ese modelo. Pero le quedaba espectacular, desprendía un aura de elegancia innegable.

—Entonces, ¿qué dicen? ¿Realeza o un simple contacto del gerente?

Las especulaciones no cesaban.

Pronto, el gerente llegó apresurado.

Sus ojos se iluminaron en cuanto vio a Roxana.

—¡Qué alegría que haya llegado! Su palco privado está en el segundo piso. Por favor, acompáñeme.

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