—¡Detente!
Una voz severa acaba de resonar y los pasos apresurados y caóticos inundan el silencioso pasillo.
—¿Qué ocurre?
Aunque Darío Soler aún no comprende qué sucede, su instinto lo lleva a proteger a Dulce a sus espaldas.
Roxana Soler se levanta de inmediato y camina hacia la puerta.
Darío y Dulce la miran. Ven cómo apoya la mano sobre el pomo, pero no abre enseguida.
Es como si estuviera esperando el momento perfecto.
Ambos se miran, desconcertados.
—¡No corras, maldita escoria! ¡Crees que podrás escapar de aquí!
Los guardias de seguridad maldicen, jadeando por la persecución.
Roxana capta unos pasos extremadamente ligeros que se detienen justo frente a su puerta, y entonces, abre de golpe.
La persona, que estaba concentrada en deshacerse de sus perseguidores, de repente se ve cegada por la luz que sale de la habitación. Gira la cabeza por instinto.
¡Apenas aparta la mirada, recibe el impacto de una patada fulminante y precisa directo a la cara!
No tiene tiempo para esquivarlo, ¡solo puede levantar los brazos para protegerse!
—¡Ah!
Un claro grito de dolor resuena y la figura que huía a toda prisa sale volando hasta chocar contra la pared de la esquina.
Roxana alza una ceja, sorprendida. «¡Es voz de mujer!».
Los guardias y los guardaespaldas que acaban de llegar se quedan estupefactos ante la escena.
—¿Qué miran? Atrápenla ya —dice Roxana, saliendo con paso tranquilo.
Los hombres reaccionan y se abalanzan hacia la esquina.
La persona tirada en el suelo siente que sus antebrazos están en llamas; el dolor agudo es casi insoportable.
Pero al ver a la multitud acercándose, no pierde un segundo. Sacude los brazos con fuerza y salta del suelo como si tuviera resortes.
Para ella, los guardias comunes no son más que sacos de boxeo. Los derriba sin el menor esfuerzo.
Los guardaespaldas son un poco más complicados, pero ninguno resiste más de cinco golpes.
En menos de un minuto, el pasillo está lleno de hombres tendidos en el suelo.
Ella esboza una sonrisa gélida. «¡Con este nivel tan patético pretenden detenerme!».
Pero justo cuando se prepara para romper la ventana y escapar, una figura veloz como un fantasma aparece frente a ella.

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