Al decir esto, Yara apretó los labios a propósito, mostrando una expresión lastimera.
Era como si quisiera decirle a todos que Roxana la tenía en la mira.
Mónica no pudo soportarlo y la refutó directamente:
—¿Acaso no deberíamos dudar de ti? Esa Impostora estuvo contigo todo el tiempo, ¿de verdad no notaste nada raro en ella?
Además, antes de eso, la abuela dijo que no tenía hambre y no quería la sopa de calabaza, ¿no fuiste tú quien insistió para que se la comiera?
Al escuchar que querían echarle la culpa, Yara se desesperó.
—Solo pensé que la sopa de calabaza sería buena para la abuela. ¡Lo hice con buena intención! ¿Cómo puedes pensar eso de mí?
Si vamos a hablar de eso, esa Impostora pasó más tiempo en la casa de la familia Montes que a mi lado. Estuvo entrando y saliendo de aquí estos últimos dos días, ¿y tú tampoco te diste cuenta?
Al ver que estaban a punto de pelear, Roxana intervino de inmediato.
—Estamos en un hospital, no levanten la voz.
Al ver que Yara aún parecía inconforme, añadió:
—Pedirle a mi prima que revise lo que comió la abuela no es un ataque contra ti. Ahora que la abuela está envenenada, todo debe ser inspeccionado estrictamente para encontrar el problema.
Pero Yara no le creyó; estaba convencida de que se habían aliado para humillarla, así que se quejó llorando con Marina y Rafael.
—Mamá, papá, sé que como viví con la persona que se hizo pasar por Doña Agustina, soy sospechosa.
Pero yo también soy un ser humano, jamás le haría daño a mi abuela, que me vio crecer.
Aunque mi prima y Roxana no me crean, ustedes sí confían en mí, ¿verdad?
Al ver los cortes en su rostro y cómo lloraba en silencio con los ojos llenos de lágrimas, Marina sintió un poco de lástima.
—Por supuesto que confiamos en ti.
Aunque estaba un poco decepcionada de esta hija, ¡aún prefería creer que no sería capaz de cometer un acto tan ruin como envenenar a su abuela!
Rafael también expresó su apoyo.

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