Una de las empleadas se quedó atrás para atender a Yara.
Sin embargo, debido a los comentarios despectivos que Yara había hecho sobre la marca minutos antes, la actitud de la vendedora era estrictamente profesional, desprovista de cualquier calidez.
No le ofreció mostrarle más vestidos ni le preguntó si deseaba acompañar a las demás a la sección de joyería.
Al ver a Gema y Roxana tan unidas, Yara se sintió incómoda como para seguirlas por su cuenta.
Decidió esperar a que la empleada le ofreciera amablemente llevarla, para así salvar su orgullo.
Pero los minutos pasaban y la empleada permanecía en silencio. Yara comenzó a impacientarse.
—¿Así es el servicio en Tercera Armonía? —espetó, molesta—. ¿La clienta termina de ver los vestidos y ni siquiera se molestan en ofrecerle ver el resto de los accesorios?
La empleada no se inmutó y respondió con voz neutra:
—Disculpe el malentendido, señorita Soler. En Tercera Armonía no nos gusta presionar a nuestros clientes. Como vi que nuestros diseños principales no fueron de su total agrado, supuse que tampoco le interesarían nuestros otros productos, por lo que no me atreví a importunarla con recomendaciones.
—¡Pero si ya compré ropa, tendré que comprar zapatos y accesorios para combinar, ¿no?!
—Entendido. Sin embargo, el área de joyería en este momento está atendiendo a otras clientas. Si gusta, puedo acompañarla a la sección de calzado. Por favor, sígame.
Yara apretó los dientes de pura rabia. «¿Acaso es idiota? ¡Es obvio que quiero ir a la sección de joyería!».
Al ver que Yara no se movía, la empleada preguntó con genuina confusión:
—Señorita Soler, ¿ya no desea ver nada más? Si lo prefiere, puedo llevarla a nuestra sala de té para que descanse.
Yara estaba a punto de explotar.
—¡Llévame a la sección de zapatos! ¡Y si te demoras un segundo más, presentaré una queja formal contra ti!
—Por supuesto. Por aquí, por favor —indicó la empleada, caminando a un ritmo pausado hacia el área de calzado.
Al llegar, la actitud de la vendedora siguió siendo cortante e indiferente, lo que hizo que Yara tuviera que morderse la lengua varias veces para no armar un escándalo.
No le quedaba de otra que aguantarse, todo por mantener las apariencias frente a Gema.
En marcado contraste con la fría experiencia de Yara, el área de joyería era un paraíso donde Roxana era tratada como la reina absoluta.
—Señorita Roxana, ¿qué le parece esta diadema? Haría un contraste espectacular con el vestido.

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