—Roxana, tu abuela y yo ya estamos fuera de peligro, y Moni también se está recuperando de maravilla. No necesitas desgastarte tanto. Tómate un tiempo para descansar, por favor, no vayas a terminar enfermándote.
Al escuchar que su abuelo la mencionaba, Moni también se sumó.
—Sí, prima, aprovecha el tiempo libre para descansar un poco.
—Lo haré, gracias por preocuparte, prima —respondió Roxana con tranquilidad.
Moni observó con atención la mirada de Roxana, buscando algún rastro de rencor o incomodidad, pero no encontró nada. Era como si la tensión del pasado se hubiera desvanecido por completo.
Sintió un profundo alivio.
Hilda de Montes, al ver el trato cordial de Roxana hacia su hija, sonrió de inmediato.
—Roxana, no seas tan formal. Somos familia, y después de que le salvaste la vida a Moni, estamos eternamente agradecidos contigo.
Aprovechando el buen ambiente, Hilda compartió una gran noticia.
—Inspirada por Roxana, Moni logró conseguir una de las becas de intercambio de su facultad. A partir de marzo del próximo año, irá a realizar investigación académica a la Universidad Hope en el país M, y además hará prácticas durante seis meses en su hospital afiliado.
La Universidad Hope era la quinta mejor universidad de medicina a nivel mundial, y su hospital contaba con un prestigio inigualable. Cada año, una multitud de estudiantes soñaba con asegurar un lugar allí.
Aunque la influencia de Marcelo había ayudado, lograr esa oportunidad también era producto del enorme esfuerzo de Moni.
—¡Qué maravilla! Moni, tu tía está muy orgullosa de ti —la felicitó Marina con entusiasmo.
Rafael estuvo a punto de revelarles a todos que Roxana era la legendaria Doctora Serena, pero al cruzar miradas con su esposa, se contuvo.
Las identidades secretas de Roxana eran, cada una, más asombrosas que la anterior.
Si soltaba la bomba en ese momento, toda la atención pasaría de Moni a Roxana, y la pobre Moni terminaría sintiéndose desplazada.
Eso solo afectaría la armonía familiar.
Mejor esperar a otra ocasión.

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