Donia ya sentía una profunda aversión hacia Roxana. No lograba entender cómo una muchachita que apenas y sabía de la vida había logrado levantar un imperio como M&R Global.
Por pura envidia, había mandado a Barclay a investigar minuciosamente el historial de Roxana.
El reporte indicaba que la joven provenía de un entorno de lo más ordinario; según ella, todo su éxito no era más que un absurdo golpe de suerte.
Eso solo alimentó aún más su resentimiento.
Así que, ahora que la tenía de frente, no pensaba guardarle el más mínimo respeto.
—¿Acaso Sol no te explicó quién es Barclay, Roxana? ¡Qué atrevimiento hablarle así! ¿Acaso no te asusta ofender al Príncipe Zachary y terminar siendo expulsada del país M?
Envalentonado por tener el respaldo de Barclay, Sebastián también miró a Roxana con absoluto desprecio.
—¡No te sientas tan importante solo porque M&R Global tiene algo de dinero! En este país, la gente como tú, sin familia influyente y sin un verdadero respaldo, no es rival para nosotros. Si nos da la gana, podemos destrozar tu reputación y mandarte derechito a la cárcel.
Roxana alzó una ceja; que esos dos se atrevieran a amenazarla solo la hizo lucir más impasible.
—¿Expulsada? ¿A la cárcel? Si están tan seguros de que pueden lograrlo, adelante, inténtelo.
Normalmente, Roxana trataba directamente con el Príncipe Zachary, y aunque notaba que siempre llevaba séquitos consigo, jamás se había fijado en sus rostros.
Por eso, no tenía ni la menor idea de quién diablos era Barclay.
Su respuesta sonó como una declaración de guerra frontal, lo que desató la furia de los Salas.
Donia giró hacia Barclay y exclamó histérica:
—¡Ya la escuchaste, Barclay! Esta tipa se cree la dueña del mundo. Su actitud es detestable y nunca está dispuesta a dialogar. ¡Si te provoca así teniéndote en frente, imagínate cómo nos trató cuando no estabas!
Aunque a Barclay aún le parecía familiar el rostro de Roxana, decidió ignorarlo. Asumió que seguro era una de esas tantas arribistas que habían intentado seducir a Zachary en el pasado y habían fracasado miserablemente.
Adoptando una postura arrogante y mirándola por encima del hombro, soltó:


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