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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 116

~MAKSIM~

El encendedor sonó entre mis dedos una, dos veces antes de que lograra encender el cigarro qué r me había llevado a la boca segundos antes.

Artem le dio vuelta a una de las páginas de los documentos que estaba revisando sentado frente a mí, tan serio como la situación lo ameritaba. Nicolo y Paolo ocuparon el otro extremo de la mesa, cuando entraron, discutiendo algo en italiano, mientras Mila se apoyó contra el borde de una estantería, permaneciendo en silencio.

Mientras los otros se acomodaban en su sitio para poder escuchar lo que ella tenía que decirnos, Alessia se dedicó a ordenar un poco el desastre que había sobre el escritorio; hojas repartidas por toda la superficie,. fotografías, rutas, horarios. Y todos tenían marcas hechas con tinta roja de su puño y letra.

Le di varias pitadas a mi cigarrillo mientras observaba cómo Alessia volvía a desconectarse de nosotros porque se concentraba en uno de los papeles. Expulsé el humo, sonreí y carraspeé, llamando su atención.

Un poco avergonzada, levantó la mirada , dejó el papel sobre el escritorio y empezó a hablar:

—Como bien saben Denis y Vadim han permanecido todo este tiempo en Moscú y no han estado perdiendo el tiempo. Ellos se han encargado de recopilar información muy importante sobre los movimientos de la Bratva Petrov y cada día nos la hacen llegar.

Todos asentimos, confirmando eso.

Di otra calada lenta al cigarro mientras observaba a Alessia inclinarse sobre uno de los mapas una vez más, con una una expresión concentrada, como si hubiera estado viendo algo muy importante.

—Denis me llamó esta mañana—dijo finalmente sin levantar la vista—, para informarme que los Petrov tienen planeado mover un cargamento grande dentro de tres días.

Nicolo dejó escapar un silbido bajo.

—¿Qué tan grande?

—Lo suficiente para hacerles perder una millonada si desaparece.

Paolo soltó una risa corta.

—Eso suena bastante interesante.

—Es mucho más interesante de lo que piensas —manifestó Alessia.

Artem levantó la mirada de los documentos.

—¿Qué llevan?

—Armas y droga. Y nos conviene mucho desaparecer esas armas.

—Oh, ahora entiendo porque es mucho más interesante —dijo Paolo.

Apagué el cigarro en el cenicero antes de inclinarme ligeramente hacia adelante, bastante interesado en lo que Alessia estaba explicando.

—¿Dónde será? —pregunté.

Alessia empujó uno de los mapas hacia el centro de la mesa.

—Aquí.

Mis ojos recorrieron las rutas marcadas. Había varias líneas rodeadas con bolígrafo rojo atravesando distintas zonas.

Al principio pensé que simplemente estaba estudiando posibles puntos de ataque. Entonces noté algo más.

Mis ojos se elevaron lentamente hacia ella y debió darse cuenta de que había notado eso porque una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—Pasé toda la mañana revisando las rutas Petrov —explicó— y muchas atraviesan zonas demasiado cercanas a territorios controlados por la ’Ndrangheta.

Artem apoyó ambos antebrazos sobre la mesa y asintió.

—Eso es verdad. Creo que Petrov tiene un acuerdo con Aldo Valentini, el jefe de la Ndrangheta aquí, para no interferir en sus asuntos. Algo así como un acuerdo de paz.

EL PLAN 1

EL PLAN 2

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