~MAKSIM~
Luchando para no llevarme los dedos a la boca y comenzar a morderme las uñas, observé cómo la doctora Amato colocó el portapapeles con el expediente de Alessia en un mostrador, se lavó las manos y deslizó un par de guantes por ellas.
Cuando giró sobre sus talones, alcanzó un pequeño frasco blanco y le dio una buena sacudida.
—Recuerda que está un poco frío —le advirtió a Alessia antes de chorrear una gota de gel en su estómago.
Alessia se sobresaltó y se estremeció cuando el gel tocó su piel y luego me sonrió. La doctora Amato me miró mientras comenzaba a presionar la sonda sobre el gel.
—Entonces, señor Volkov, ¿qué espera que sea?
La quedé viendo fijamente y en silencio. Tragué saliva y me pregunté si era una buena idea responder. No quería llamar a la mala suerte diciendo una cosa y que al final saliera otra como había pasado antes.
«A la m****a —pensé—. ¿Cómo que mala suerte?»
Había hablado con sinceridad cuando dije que no me importaba si era niño o niña. No me iba a retractar ahora.
Que fuera lo que la vida quisiera darme.
—Una niña —respondí con firmeza—. Que se parezca a su madre.
La doctora Amato sonrió como si le complaciera escuchar mi respuesta. Por su parte, Alessia pareció orgullosa al escucharme.
—Las futuras madres casi siempre responden "niña" y los futuros padres "niño" —comentó la doctora—. Ustedes dos parecen llevarle la contraria a las estadísticas.
Alessia soltó una risa baja.
—Es que parece que nos gusta complicarle la vida al universo.
—Sí, créanme que ya lo había notado —dijo la doctora y volvió la atención hacia el monitor.
Entonces el silencio se instaló en la habitación. No incómodo, sino expectante.
Mis ojos iban una y otra vez de la pantalla al rostro de la doctora, intentando descifrar algo en su expresión. Cualquier gesto. Una sonrisa más amplia. Un arqueo de ceja. Lo que fuera que me indicara algo... pero no encontré nada.
La doctora seguía moviendo la sonda con la misma tranquilidad de siempre.
—Todo marcha muy bien —dijo mientras tomaba varias medidas—. El crecimiento es exactamente el esperado para las semanas de gestación que tiene.
Sentí cómo la ansiedad se extendía por mi pecho y por cada una de mis terminaciones nerviosas. No es que no me interesara la salud de mi bebé, por supuesto que sí, pero sentía que en esos momentos no quería saber nada de eso, sino que ir directo al grano.
—Su corazón late con fuerza. No veo nada que me preocupe.
Miré a Alessia.
Ella se estaba mordiendo el labio, haciéndome entender que estaba tan ansiosa como yo lo estaba.
Sin darme cuenta, tomé su mano y entrelacé nuestros dedos. Ella respondió al instante con un suave apretón.
—¿Lo ves? —susurró.
Asentí.
No era capaz de apartar la vista de aquella pequeña figura que se movía en la pantalla. Todavía me costaba comprender que ese diminuto ser... era nuestro.
El fruto de nuestro amor.
La doctora siguió deslizando la sonda unos segundos más y después sonrió, complacida.
—Creo que ya tengo una posición bastante buena —manifestó.
Mi corazón dio un vuelco.
Finalmente había llegado el momento.
Noté que Alessia giraba apenas la cabeza para mirarme de reojo.
—¿Listo? —preguntó con una sonrisa divertida.
Abrí la boca para responder, pero ninguna palabra salió. Volví a mirar la pantalla. Después miré a Alessia y, sin saber muy bien por qué, una idea empezó a abrirse paso en mi cabeza.
Una idea completamente absurda.
Sin embargo... cuanto más la pensaba, más sentido tenía.
Fruncí el ceño.
—Espere —dije.
La doctora detuvo el movimiento de la sonda y me observó con curiosidad.
—¿Ocurre algo?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...