~MAKSIM~
Levanté una ceja intrigado y en mi garganta retumbó un gruñido animal, hambriento.
—¿Y por qué no me das mi premio entonces? —ronroneé, impaciente, sí. Muy impaciente por obtenerlo.
—Vamos adentro —respondió y dio una mirada rápida alrededor—. Dentro de este automóvil será muy incómodo dártelo.
Mis expectativas se elevaron hasta la mismísima estratósfera y me sentí más impaciente aún. Mi polla ya estaba dura y palpitante. No sabía qué me esperaba exactamente y, viniendo de Alessia Cardinale, podía ser cualquier cosa, incluso la más cruel del mundo para humillarme y burlarse de mí, pero yo seguí pensando que no sería así. Que lo que había hecho, aunque no fuera la cosa más romántica del mundo, sirviera para algo; para ganarme un besito aunque fuera.
Sin esperar respuesta de mi parte, Alessia abrió la puerta de su lado y salió.
No dudé. No lo pensé. Hice lo mismo y la seguí hasta la puerta de la casa, perdiéndome en el jodido contoneo de sus grandes caderas.
Giró apenas para mirarme por encima del hombro y sonrió.
M****a. ¿Me estaba coqueteando descaradamente? Porque me fascinaba y a mi polla mucho más.
Abrí la puerta y la dejé pasar. Luego avancé detrás de ella y la tomé de la mano para llevarla escaleras arriba, pero ella levantó el índice y negó.
—No, no, no. Arriba todavía no.
—¿Adónde vamos entonces?
—Sígueme y lo sabrás —dijo, tirando de mi mano.
Fue una verdadera suerte que Mila no estuviera en los alrededores. Supongo que decidió encerrarse para no estorbarnos.
Alessia me llevó hasta la sala. Nos detuvimos frente a uno de los sillones; yo estaba de espaldas y ella frente a mí. Entonces, me quitó el abrigo y lo tiró en el sofá, luego colocó sus manos en mi pecho y me empujó hacia atrás, provocando que cayera sentado en el sillón.
Enarqué una ceja y ella sonrió con malicia, quitándose de encima su abrigo.
—No necesito esto —dijo y lo tiró junto al mío.
Apoyé los brazos en los reposabrazos y abrí las piernas, en una postura relajada para poder contemplarla de pies a cabeza, absorbiendo cada gramo de esa carne magra que en un principio había rechazado y ahora estaba desesperado por probar, centímetro a centímetro.
Dio un paso al frente, luego otro y otro, con movimientos casi felinos, jodidamente sensuales. Apoyó sus manos en los reposabrazos y se inclinó sobre mí, acercando su rostro al mío.
—Me pidió un besito, señor Pakhan. —Asentí—. Pero yo creo que se merece mucho más que un besito.
—Entonces súbete en mi regazo y muéstrame exactamente qué es lo que merezco.
No dudó.
Se subió el vestido hasta los muslos y se deslizó encima de mí, sentándose en mi regazo a horcajadas.
Le rodeé la cintura con un brazo y sin descaro alguno posé mi mirada en su maldito escote. Ahora sí, era solo para mi deleite. Tal vez como debía ser siempre.
—¿Me vas a dejar probar tus sandías? —le pregunté, obligándome a levantar mis ojos hacia los suyos.
Frunció el ceño, confundida.
—¿Llamas sandías a mis pechos?
—Tú me llamas bestia bruta. Creo que es justo.
Soltó una carcajada y negó, meneando la cabeza.
—No puedo creer que las llames así.
—Es que son grandes... y dulces. Unas buenas sandías italianas.
Volvió a reír y sus pechos llenos rebotaron. Se inclinó hacia el frente, hundiendo la cabeza en el hueco de mi cuello.
La punta de su lengua se arrastró por mi manzana de Adán, saboreándola. Gruñí como un león hambriento.
—Puedes probarlas —susurró, volviendo a alejarse.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...