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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 62

~ALESSIA~

Gruñí llena de rabia.

—Maldita sea. No voy a suplicarte nada. Te ordeno que lleves tu mano a mi coño y me toques —demandé.

Volvió a reír y sacudió la cabeza. Su pelo castaño y sedoso rozando mi hombro desnudo mientras me mordía el pezón.

—Ya jugaste bastante conmigo y te divertiste. Ahora soy yo quien controla la situación y solo te complaceré cuando me supliques.

—Vete a la m****a.

Levantó las cejas y negó.

—Muy mal. Así no se le habla a tu esposo, pequeña insolente.

De repente, me giró con un movimiento rápido y ágil, dejándome boca abajo y más vulnerable y expuesta ante él.

La camiseta se retorció alrededor de mis muñecas

—Te voy a enseñar a respetarme —dijo con un tono peligroso.

En cuanto las palabras salieron de sus labios, su mano golpeó mi trasero con una palmada que escoció en mi carne. Inhalé profundamente, mi cuerpo se tensó mientras el dolor florecía a lo largo de mi piel, como el encendido rápido de una cerilla. Ardió en mis venas, burbujeando hacia arriba y hacia abajo cuando bajó su mano nuevamente con otra palmada que me sacudió hacia adelante, haciendo que mi clítoris palpitara en respuesta.

—¿No te enseñaron que al esposo se le obedece y respeta?

—Jódete —protesté.

—¿Qué dijiste? —preguntó y pude sentirlo deslizándose sobre mi piel, amenazando con asfixiarme mientras su aliento soplaba sobre la parte baja de mi columna vertebral, hacia abajo, hasta que sus labios rozaron la piel de mi trasero, donde sentí la huella de su mano recién azotada. Casi salté de la cama ante la sensación.

—Joder —jadeé, cerrando los ojos con fuerza mientras sus labios acariciaban mi piel con un beso suave.

Era delicioso.

Pero luego, otra palmada más intensa me azotó la otra nalga y puso mi piel a arder.

—¡Hijo de...!

Otro azote y me tragué el insulto para dejar escapar un chillido.

Dolía, sí. Pero a la vez me excitaba y me gustaba más de lo que podría admitir.

—Boca sucia —ronroneó—. No tienes permitido hablarle así a tu marido.

—No eres mi marido todavía.

—¿Ah no?

—No.

CARNE DÉBIL 1

CARNE DÉBIL 2

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