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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 82

~PAOLO~

La mansión Volkov estaba en silencio cuando Nicolo y yo regresamos. Un silencio bastante peligroso. Exactamente el tipo de silencio que existía en casas donde hombres como Maksim Volkov gobernaban.

Subimos las escaleras sin apresurarnos, con pasos tranquilos y seguros, como si fuéramos dueños del lugar.

O casi.

Porque el único dueño de la casa era el Pakhan.

No hacía falta decir nada entre nosotros para saber exactamente adónde íbamos. Nuestra signora había sido bastante clara:

«La señorita Volkova los estará esperando.»

M****a.

Sonreí apenas mientras recordaba la forma en que Mila Volkova nos miró durante toda la cena. Especialmente por encima del borde de su copa de vino. Como si quisiera pecar y todavía estuviera decidiendo si debía sentirse culpable por ello.

No parecía una mujer acostumbrada a hacer locuras.

Pero esta noche claramente quería hacer una.

Nos detuvimos frente a la puerta de la habitación que sabíamos le pertenecía a ella. Alcé la mano y golpeé suavemente. El clic de la cerradura sonó apenas un instante después y entonces apareció ella.

Joder.

Mila llevaba una bata corta de seda negra ajustada a la cintura. El cabello rubio caía sobre sus hombros en ondas suaves y sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas, aunque no parecía avergonzada.

Nerviosa, sí. Pero decidida también.

Sus ojos nos recorrieron lentamente a ambos. Primero a Nicolo. Luego a mí.

Sentí cómo la tensión se volvía inmediatamente más pesada, más caliente, más peligrosa.

Mila apoyó una mano en la puerta y tragó saliva antes de murmurar:

—Pensé que tal vez no vendrían.

Sonreí lentamente mientras daba un paso hacia ella.

—Nuestra signora nos dio una misión importante, principessa —dije con calma—. Y nosotros jamás desobedecemos órdenes.

Mila curvó una sonrisa de satisfacción.

—¿Eso significa que están dispuestos a cumplir esta misión? —preguntó.

Mi hermano también sonrió.

—¿Y cuál será la misión exactamente, principessa? —cuestionó.

La principessa se mordió el labio inferior con picardía.

—Mostrarle a esta pobre alma pecadora los dotes que tienen los italianos para el pecado carnal cuando ceden a la tentación.

Perfecto.

Sonreí como un lobo.

—Pecado carnal... mi misión favorita en el mundo —dije.

Entré despacio a la habitación sin apartar la mirada de ella. Nicolo hizo lo mismo detrás de mí.

Mila retrocedió un paso.

Luego otro.

Como si entendiera demasiado tarde que acababa de encerrar a dos lobos italianos dentro de su habitación.

~MILA~

Paolo se movió a mi lado y el calor estalló en mi vientre cuando su olor llenó mis pulmones.

Olía riquísimo. No había otra manera de describirlo.

SU PREMIO 1

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