~MILA~
El corazón me latía tan fuerte que estaba segura de que ellos —los tres— podían escucharlo.
Nicolo y Paolo seguían mirándome con esa intensidad tranquila que parecía envolverme por completo. No era únicamente deseo lo que veía en ellos. Había algo más profundo allí. Algo oscuro, protector y peligrosamente serio.
Alessia los observó durante unos segundos antes de inclinar apenas la cabeza.
—Acepto su juramento —declaró con calma—. A partir de ahora también podrán servir y proteger a la señorita Volkova... si ella así lo quiere, por supuesto.
Sentí un calor extraño expandirse dentro de mi pecho. No esperaba que aquello me afectara tanto. Pero lo hizo. Y muchísimo.
Entonces ocurrió algo que me dejó completamente inmóvil.
Nicolo y Paolo dieron un paso al frente al mismo tiempo y ambos se arrodillaron delante de mí, como si fueran a pedirme matrimonio.
Mi respiración prácticamente se detuvo. Mis piernas flaquearon como si se hubieran vuelto de gelatina y estuve segura de que si no hubiese estado sentada, habría caído desvanecida al suelo.
Ver a dos hombres como ellos inclinándose ante mí era… demasiado.
Demasiado intenso.
Demasiado poderoso.
Nicolo levantó lentamente la mirada hacia mí.
—¿Acepta nuestro juramento, signorina Volkova?
Paolo sostuvo mis ojos mientras añadía con voz grave:
—¿Acepta nuestra lealtad y nuestra protección, principessa?
Nicolo volvió a hablar:
—Le juramos cuidarla, protegerla y serle leal, poniendo nuestra propia vida y nuestra sangre como garantía ante la propia muerte.
—También le juramos hacer todo lo que esté a nuestra disposición y que usted requiera para hacerla tan feliz como usted merece, principessa —añadió Paolo.
Sentí que algo se deshacía dentro de mí. Porque no estaban jugando. No era coqueteo. No era solo algo sexual. Lo decían completamente en serio.
Y Dios mío… Jamás nadie me había ofrecido algo así.
Tan sublime.
Tan poderoso.
Tan impactante.
Me llevé una mano al pecho intentando controlar el caos de emociones que me estaba invadiendo.
Luego asentí lentamente.
—Sí —murmuré con la voz temblorosa, casi sin aliento—. Acepto. Los acepto a ambos.
Ambos inclinaron ligeramente la cabeza en señal de respeto. Tomaron mis manos y las besaron, como si yo fuera una diosa y ellos mis más fervientes adoradores.
Sentí que mi corazón explotaba por tanta emoción y felicidad.
No me esperaba eso. Pensaba que para ellos nuestro encuentro solo iba a ser una aventura, algo fugaz que al día siguiente iban a olvidar o hacer como si nunca había pasado.
Dios. Ni siquiera podía creer que era real.
Alessia sonrió satisfecha al ver la escena.
—Perfecto —murmuró—. Entonces creo que deberían empezar a cumplir su nueva labor inmediatamente.
Parpadeé confundida, saliendo de mi encanto.
—¿Qué? —murmuré.
Ella me observó con diversión descarada.
—Si van a servirle a Mila, podrían empezar por consentirla un poco.
Oh, no.
Ya conocía esa mirada.
Era la mirada de Alessia Cardinale cuando estaba planeando algo muy maquiavélico.
—Anoche la dejaron un poquito adolorida —continuó con total tranquilidad—. Así que un masaje no estaría mal.
Sentí que la sangre me subía directamente hasta las orejas.
—¡Alessia!
Ella soltó una risa suave.
Pero lo peor fue que Nicolo y Paolo inmediatamente cambiaron la expresión.
—¿Aquí le duele, principessa? —preguntó Paolo cerca de mi oído mientras sus manos descendían lentamente.
Un escalofrío me recorrió completa.
—Un poco —admití.
Mentira. Me dolía muchísimo.
Paolo soltó una pequeña exhalación divertida. Como si supiera perfectamente que estaba minimizando lo que ellos me habían hecho anoche.
Nicolo comenzó a acariciar lentamente mis dedos y muñeca mientras me observaba con esa mirada intensa y tranquila tan propia de él.
—Debimos haberla consentido más después —murmuró.
Sentí que mi corazón volvía a deshacerse.
Alessia observó la escena unos segundos más antes de ponerse de pie.
—Bueno… creo que ya no hago falta aquí. Solo estoy estorbando.
Levanté rápidamente la cabeza.
—¿Qué?
Ella sonrió como el demonio manipulador que era.
—Los dejaré solos para que puedan disfrutar tranquilos.
Oh, Dios.
Y entonces añadió, completamente despreocupada:
—Aunque honestamente, para que ese masaje funcione mejor, ustedes tres deberían ir al jacuzzi. Seguro ayudaría muchísimo a desestresar a Mila.
Sentí que mi alma abandonaba el cuerpo. Porque Paolo sonrió inmediatamente. Y Nicolo…
M****a.
Nicolo me miró como si ya estuviera imaginándome dentro del agua entre ellos otra vez.
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¿Quién quiere otro panino de Mila a la Ravelli? 😈

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...