~ALESSIA~
Esa noche todo me parecía tan extraño.
Hacía tan solo unas semanas había querido arrancarle la cabezota a ese hombre por ser tan idiota o meterle unos cuantos tiros para sacarle la estupidez a balazos, y ahora estaba dispuesta a protegerlo con mi propia vida y no soportaba la idea de que fuera a esa reunión para exponerse al peligro que podía representar Petrov.
Me desnudé y me metí bajo las sábanas.
—¿Todo va bien? —murmuró Maksim, mientras me pasaba un brazo por la cintura para atraerme hacia él.
Me acurruqué contra su pecho, poniendo un mano sobre su cuello y enrollando un a pierna con las suyas.
El latido tranquilo de su corazón contra mi espalda me hizo preguntarme si acaso no se sentía inquieto, como yo lo estaba.
Levanté el rostro y busqué su mirada.
—¿De verdad estás tan tranquilo? —le pregunté.
Sonrió y me acarició el contorno de la mejilla con los nudillos de su mano.
—Por supuesto que no —respondió sin dejar de sonreír y supe que no se estaba tomando mi pregunta en serio—. ¿Quién podría estar tranquilo sabiendo que mañana puede morir y que eso le dará a su mujer vía libre para conseguirse a otro pendejo que le caliente la cama y le llene el delicioso coño que tiene?
Llevó su mano a mi coño y lo pellizcó con morbosidad.
Furiosa porque dijera semejante estupidez en un momento tan delicado como ese, le solté un puñetazo en el pecho y se quejó por el dolor.
—¡Ouch!
—Por Dios, Maksim. Estoy hablando en serio —lo regañé, dándole más golpes en el brazo, como si fuera un niño pequeño al cual corregir.
Se rio y me agarró la muñeca para detenerme, mientras nos hacía girar para quedar encima de mí y acorralarme contra la cama.
—Trata bien a tu esposo en el que es posible sea su última noche de vida.
—Maksim, no digas eso.
Se inclinó y atrapó mi boca con sus labios, dándome un beso que me robó el aliento.
—Moya Koroleva —susurró, separándose apenas unos centímetros, pero manteniendo la conexión en nuestras miradas—, pase lo que pase mañana, no quiero pensar en eso, solamente en este momento. Así que por ahora no hablemos de ello y solo dedícate a hacer el amor conmigo.
Observé, hipnotizada, cómo se apartaba y se quitaba los pantalones de pijama. Los músculos de sus brazos se flexionaron con cada movimiento, haciendo que se me secara la boca.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...