—¡Tú!
Almudena se enfureció por un momento, pero al ver el rostro frío de él, de repente se calmó.
Dijo en tono burlón: —¿Acaso tú no eres igual?
—Yo no.
Benjamín lo negó con un tono tajante: —Dije que no me importa y no me importa.
Almudena: ...
De pronto sintió que no tenía sentido discutir así con él.
La persona en la que ella pensaba, ni siquiera había podido verla una vez.
¿Y él estaba mejor?
Siendo que ambos estaban vivos, habían llegado a un punto en el que no se soportaban ni con la mirada.
Felipe se rascó la nuca y miró a Benjamín un rato y luego a Almudena. Preguntó con cara de confusión: —Oigan, no es por nada, pero, ¿de qué están hablando? Yo no entiendo nada.
Almudena le sonrió levemente y dijo: —No es nada, solo estamos platicando.
Felipe: ...
¿Y eso qué diferencia tiene con no decir nada?
Ah... bueno, ya no pregunto más.
Sin embargo, él también tenía mucha curiosidad por saber qué le había pasado a Josefina, así que preguntó: —Señorita Almudena, ¿qué te parece si me cuentas en secreto qué le pasó a Josefina? A alguien no le importa, pero a mí sí. A mí me importa mucho nuestra querida Josefina.
—Está bien. —Almudena asintió—. Me gusta que seas así de directo, que digas lo que piensas.
Felipe sonrió ampliamente y dijo: —Yo no ando con tantos rodeos.
Almudena soltó una carcajada, miró de reojo a cierto hombre que sí daba muchos rodeos y levantó una ceja.
Los dos efectivamente se levantaron y salieron. Regresaron poco tiempo después, y la cara de Felipe se veía muy mal.
¡Pum!
Golpeó la mesa con furia y dijo lleno de rabia: —¡Ese tipo es un animal!
Almudena comentó: —Yo tampoco imaginé que algo así le pasaría apenas en su primer día. De verdad me preocupa cómo será su vida de ahora en adelante...

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