Aquello se sintió como un balde de agua helada sobre ella.
Josefina se quedó congelada unos instantes, hasta que por fin reaccionó y empezó a forcejear con todas sus ganas.
—¡Lárgate, quítate de encima!
¡Incluso borracho no se le olvidaba que tenía que cuidar a Alberto y seguir viendo a Magdalena!
¿Entonces con qué descaro hablaba de amor?
¿Acaso se lo merecía?
¡En verdad estaba ensuciando esa palabra!
La reacción de Josefina fue brusca. Entre los empujones, la espalda de Benjamín rozó contra la pared, provocándole un ardor insoportable de inmediato.
—¡Agh!
Soltó un quejido ahogado y cayó de sentón en el suelo.
Josefina se puso de pie, respirando agitadamente mientras lo observaba. —¡Eres un desgraciado!
Benjamín la miró con los ojos todavía algo rojos. —Jose, me duele la espalda.
—¡Pues que te duela!
Josefina le tiró una patada leve. Estaba tan indignada que tenía muy mala cara y no podía dejar de temblar del puro coraje.
Se acercó a la entrada; al ver que la puerta ya estaba sin seguro, salió de ahí de inmediato.
El viento la golpeó de lleno, helándole hasta los huesos.
Pero no volteó ni una sola vez para mirar al hombre tirado en el suelo.
Cuando llegó a su departamento, se metió directo a bañar. Apenas salió del baño, su celular empezó a sonar.
Lo revisó y vio que era una llamada de Andrés.
Rechazó la llamada de inmediato, apagó el teléfono, ¡se tapó hasta la cabeza y se dispuso a dormir!
Ahora mismo, lo único que necesitaba era descansar bien; después se encargaría de arreglar lo del divorcio.
¡Si él se negaba, entonces iría a hablar directamente con Helena!
Además, sus papás de él ya casi regresaban. Esa separación se iba a llevar a cabo, costara lo que costara.
Pero Josefina no tenía ánimos de platicar al respecto. Mientras abría la comida, le preguntó: —¿A qué se debe la visita sorpresa?
—¡A traerte buenas noticias! —Silvia soltó una carcajada de emoción—. Lo que te platiqué la otra vez ya va agarrando forma. Le pedí a un amigo que investigara en una agencia de doblaje, resulta que andan buscando actrices de voz para un proyecto y no daban con nadie. ¡Les mandé tus muestras de audio y me dijeron que te quieren ver en persona!
A Josefina se le iluminaron los ojos de inmediato. ¡Eso sí que era una buena noticia!
—¿Para cuándo quedó la cita?
Silvia respondió: —Podemos ir ahorita en la tarde, pero ¿estás en condiciones de hacerlo?
Josefina asintió frenéticamente. —Sí, sí, por supuesto que estoy lista.
Se devoró la comida y se metió a arreglar. Una hora después, apareció deslumbrante frente a Silvia.
Silvia la halagó: —¡Qué preciosa amiga tengo! ¡Pues vámonos!
Pero justo al abrir la puerta del departamento, se toparon de frente con Magdalena.
La mirada de Josefina se volvió glacial y una sonrisa irónica se dibujó en sus labios. —Vaya, ¿vienes sola a buscarme? Qué valiente me saliste.
Magdalena dio un paso atrás de manera instintiva y habló: —Josefina, Benjamín está en el hospital inconsciente. Tienes que ir a verlo, eres su esposa; se vería muy mal si no te apareces por ahí.

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