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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 50

—¡Ja! —Josefina soltó una carcajada llena de desdén—. El chisme ya se corrió por todo nuestro círculo. Ya he sido el hazmerreír de todo el mundo no sé cuántas veces... ¿En serio crees que a estas alturas me importa lo que digan de mí?

Al escucharla, Benjamín frunció el ceño con confusión.

—¿Qué chisme?

La sonrisa en el rostro de Josefina se fue desvaneciendo poco a poco. Trató de empujarlo para quitárselo de encima, pero él la sujetó con aún más fuerza.

—Tu asuntito con tu cuñada... ¿acaso creías que seguía siendo un secreto? Benjamín, echaste mi dignidad a la basura para que cualquiera la pisoteara a su antojo, ¿y ahora me vas a salir con el cuento de que no sabías nada?

Benjamín frunció aún más el ceño, adoptando una expresión sumamente seria.

—Te juro que no lo sabía. Voy a mandar investigar de dónde salió todo esto. Solo son puras tonterías. Te aseguro que no volverás a escuchar a nadie diciendo estupideces así.

De pronto, Josefina sintió una profunda pereza mental. Podía tratar de callarles la boca a todos, pero la gente no era ciega. Cualquiera con dos dedos de frente podía darse cuenta de lo que realmente estaba pasando.

Todos veían perfectamente lo bien que él trataba a Magdalena.

Y ella, la gran señora Josefina, no era más que un simple adorno en su vida.

Josefina lo miró a los ojos y exigió:

—Págame. Si no, yo misma me voy a encargar de gritar a los cuatro vientos lo de ustedes dos. Podrás taparles la boca a los demás, pero a mí no me vas a poder callar.

Se hizo un silencio incómodo por parte de Benjamín.

Una fuerte presión se instaló en su pecho. Al ver su rostro apático y completamente frío, no le quedó más remedio que ceder.

—Está bien.

Josefina se sintió mucho mejor al instante.

—Suéltame. Voy a buscar algo de comer.

—Te acompaño.

Benjamín no aflojó su agarre y la llevó abrazada a cada lugar por el que pasaban.

Todos los que estaban presentes los veían con curiosidad.

En cuestión de minutos, Josefina entendió a la perfección lo que él estaba haciendo.

¡Quería demostrarles a todos que su matrimonio seguía siendo perfecto y que todo lo de Magdalena eran simples rumores!

¡Vaya jugada!

Él sí que sabía cómo mover sus fichas.

Sintió un vuelco en el pecho.

—Fingir que te soporto cuesta extra. Más te vale que le agregues más ceros.

Benjamín frunció el ceño de nuevo.

Capítulo 50 1

Capítulo 50 2

Capítulo 50 3

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