—Yo tampoco me lo esperaba —murmuró Josefina.
Lorena la miró y le preguntó:
—¿Y qué vas a hacer si convence a tu abuela para que interceda por él y ella decide ayudarlo?
—Mi abuela no lo va a ayudar —afirmó Josefina con una convicción inquebrantable.
Lorena se sorprendió.
—¿Estás tan segura?
—Mm.
Josefina asintió. Sabía que la anciana siempre había estado al tanto de su deseo de divorciarse y conocía perfectamente la clase de vida que ella había llevado en el pasado.
Su abuela siempre había estado de su lado.
No cambiaría de opinión tan fácilmente solo por un par de gestos de Benjamín.
—Es envidiable que tu abuela sea tu mayor apoyo —comentó Lorena con admiración—. Debe sentirse muy bien.
Saber que siempre había una luz encendida esperándola al final del camino, que con solo regresar encontraría refugio y calor... realmente era algo hermoso.
Lorena bajó la mirada levemente. Ella también había tenido algo así alguna vez, pero todo le había sido arrebatado.
...
En la gran casa de la abuela.
Benjamín bebió un poco de café. Al escuchar unos pasos lentos acercándose, dejó la taza y dijo con suavidad:
—Abuela.
La anciana se sentó en un sillón individual, asintió y le preguntó:
—No vendrías hasta acá solo porque sí. Dime, ¿qué pasó?
Al oírla, Benjamín bajó ligeramente la cabeza. Su tono se tiñó de tristeza.
—Abuela, Jose quiere divorciarse de mí.
La anciana mostró un poco de sorpresa.

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