Nadia miraba a Renata con los dientes apretados; si las miradas mataran, ya la habría despellejado viva.
Leticia frunció el ceño. Si estuvieran en privado, le daría igual que Nadia golpeara a la asistente hasta desahogarse por completo. Pero estaban en el pasillo, en público, rodeadas de otros empleados de la agencia.
Esa primera bofetada ya había sido un error. Si seguía golpeándola y, por algún descuido, alguien grababa la escena y el video se filtraba, las consecuencias serían catastróficas.
—Hoy no irás al set —le dijo Leticia a Renata con tono autoritario—. Ve a buscar a recursos humanos y diles que te asignen como asistente de otro artista por un par de días. Podrás volver cuando a Nadia se le haya pasado el enojo.
Renata apretó los labios con fuerza y se dio la vuelta para marcharse.
—¡¿Quién te dio permiso para irte?!
Nadia la agarró violentamente del brazo derecho al mismo tiempo que lanzaba otro manotazo. Renata intentó bloquearlo con su mano libre, pero, de la nada, una mano grande y fuerte la sujetó por la muñeca inmovilizándola. Antes de que pudiera reaccionar, la mano de Nadia se estrelló de lleno contra su mejilla.
¡Plaf!
El sonido resonó fuerte. Renata sintió cómo el intenso sabor a sangre inundaba su boca al instante, mientras su rostro ardía como si le hubieran prendido fuego.
Se quedó inmóvil, paralizada, hasta que lentamente bajó la vista hacia la enorme mano que aún la sujetaba. Al subir la mirada, se encontró de frente con Thiago Flores. En ese instante, el último hilo de su cordura se rompió; la humillación hirvió en sus venas, amenazando con desbordarse.
Thiago también notó que a Renata le salía un hilo de sangre de la comisura de los labios. Sorprendido, aflojó su agarre por mero reflejo.
—¡Quiero que le des tú una cachetada! —le exigió Nadia a Thiago, desquiciada por el coraje.
Thiago frunció el ceño y miró a Nadia, notando que sus ojos estaban llenos de lágrimas, mezcla de furia y de sentirse profundamente agraviada. Su mente trabajó a mil por hora y entonces desvió la vista hacia Renata. Fue ahí cuando vio las marcas púrpuras que adornaban su cuello.
Las marcas que él mismo le había dejado.
Nadia también las había visto. Obviamente, se había dado cuenta de lo que había pasado entre él y la asistente la noche anterior.
El rostro de Thiago se volvió sombrío, casi amenazante, y fulminó a Renata con una mirada helada.
Esa zorra lo hizo a propósito.
Qué manipuladora. Seguramente, desde el día que aplicó para ser la asistente de Nadia, su único objetivo era acercarse a él. Necesitaba dinero y, por eso, no había dudado en venderle su cuerpo. Pero ahora que ya lo tenía, su avaricia había crecido; quería adueñarse de él por completo, y estaba usando esos chupetones para provocar a Nadia.
El golpe que Thiago le propinó fue mucho más brutal. Renata, incapaz de mantener el equilibrio ante la fuerza del impacto, trastabilló un par de pasos antes de caer pesadamente contra el suelo.
Segundos después, escupió un chorro de sangre.
La escena dejó helado a todo el personal. Sabían que Nadia era una déspota y estaban acostumbrados a sus arranques violentos, pero... ¡que el gran jefe golpeara así a una simple asistente!
Eso ya era...
—Señor Flores, creo que... ha perdido la compostura —intervino Leticia de inmediato, interponiéndose entre Thiago y Renata. La situación se le había escapado de las manos y era extremadamente peligrosa.
—Usted bebió esta mañana, ¿verdad? —Leticia suspiró hondo, tratando de mantener la calma a toda costa—. Por favor, regrese a su oficina a despejarse. ¡Yo me encargaré de solucionar este desastre!
La mánager no dejaba de hacerle señas con los ojos a Thiago. Él finalmente pareció reaccionar y se dio cuenta de su impulsividad. Al ver a Renata tirada en el piso, con un pequeño charco de sangre frente a ella, un escalofrío le recorrió la espalda.
Dios mío, ¿qué acabo de hacer?
De pronto, sintió un terror irracional a que Renata levantara la mirada y lo viera a los ojos. Así que, aprovechando que Leticia lo empujaba hacia su despacho, se dio la vuelta y prácticamente huyó hacia su oficina.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...