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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1122

Natalia bajó de la escalera y, al notar la expresión sombría y furiosa de Ignacio, se dio cuenta de inmediato que había visto el golpe. Rápidamente, jaló la tela de la manga para cubrirse la piel, apartando la mirada con evidente pánico.

—¿Te volvió a levantar la mano, verdad?

—No, claro que no... me pegué yo sola sin querer contra un mueble.

—¡Me juraste por lo que más quieres que si ese infeliz volvía a tocarte un solo pelo, le ibas a pedir el divorcio esa misma noche!

—¡Te juro que fue un accidente tonto en la casa! Ignacio, por favor, estás culpándolo de algo que no hizo.

Ignacio soltó un suspiro lleno de impotencia y rabia. Él no era ningún idiota; sabía diferenciar a la perfección entre un golpe accidental y las marcas obvias de una agresión física. Pero si ella insistía ciegamente en defender y proteger a ese malnacido, él, siendo solo un amigo externo, tenía las manos completamente atadas.

Terminaron de acomodar los libros en un silencio sepulcral y tenso. Al salir de la biblioteca, Natalia lo miró con ojitos suplicantes y llenos de esperanza.

—¿Te invito a comer para compensarte por la ayuda?

Ignacio sentía una rabia sorda bullendo en su interior y sabía que, si se sentaba a comer, terminaría estallando y arruinándole el día a ella.

—Mejor lo dejamos para otro día.

—Está bien —susurró Natalia. Pudo percibir la molestia en él, y su voz sonó tan frágil y pequeña como la de una niña regañada.

Verla así le dio una punzada de dolor a Ignacio en el corazón.

—Entiéndeme, no quiero ir a la cafetería de la universidad vestido como si fuera a vender cocos a la playa, para que medio campus me siga juzgando con la mirada.

Natalia sonrió levemente, sintiéndose mucho más aliviada al pensar que ese era el verdadero motivo.

—La verdad es que no se te ve tan espantoso. Esa cara tuya salva cualquier trapo que te pongas.

—Pues mi cara ya no aguanta más humillaciones por el día de hoy.

Se despidieron con un abrazo fugaz e Ignacio caminó hacia la enorme puerta principal de la escuela. Como no había llevado su auto, tenía que caminar unos cien metros hasta la avenida principal para conseguir un taxi. Mientras caminaba por la acera, una extraña e inquietante sensación de que alguien le clavaba la mirada en la nuca lo obligó a voltear hacia atrás. Detrás de él venían dos hombres con ropas gastadas y botas sucias, como si fueran obreros de una construcción cercana. Sin embargo, al cruzar miradas, los tipos desviaron la vista de inmediato de forma exagerada, actuando de forma demasiado sospechosa.

Ignacio frunció el ceño con desconfianza y apretó el paso hacia la avenida.

Al llegar a la esquina, levantó la mano para detener un taxi que venía a lo lejos. De la nada, una camioneta negra con los vidrios totalmente polarizados se cerró de forma violenta justo frente a él. Las puertas traseras se abrieron de golpe y dos matones con pinta de sicarios se bajaron, caminando directamente hacia él con intenciones nada amistosas.

Capítulo 1122 1

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