Durante todo el trayecto, Tatiana le dio instrucciones estrictas sobre cómo protegerse y cómo coordinarse con ella. Lo más importante era no romper la fachada: ante los ojos de todos, debían ser la pareja perfecta.
—La verdad es que no creo que sea necesario tanta exageración... —murmuró él.
—No subestimes la situación —lo interrumpió ella—. En la Hermandad tuvimos un caso donde asesinaron a nuestro cliente frente a nosotros. Todo porque confió demasiado en alguien de su entorno y reveló nuestra identidad. El enemigo provocó un caos, nos separó de él y lo mataron.
Ignacio valoraba demasiado su propia vida. Al entender la gravedad del asunto, juró obedecer cada indicación al pie de la letra.
Al llegar a la universidad, la primera parada fue la sala de profesores.
—Profesor Rodríguez, ¿y esta belleza quién es? —preguntó de inmediato un colega aficionado a los chismes.
Recordando las advertencias de Tatiana, Ignacio adoptó su habitual actitud coqueta y despreocupada.
—Si tú mismo dices que es una belleza, obvio que es mi novia.
—Uuuh, deben estar en plena luna de miel. ¿No pueden separarse ni un segundo que hasta la traes a la universidad?
Ignacio le pasó el brazo por los hombros a Tatiana.
—Si me separo de mi preciosa novia aunque sea un segundo, mi corazón dejaría de latir.
El comentario logró asquear a un par de profesores presentes.
Estaban entre risas cuando Natalia entró en la sala. Al verla, Ignacio soltó instintivamente a Tatiana.
—Profesora Méndez, creí que no tenías clases esta mañana. ¿Qué haces...?
Se detuvo al notar que los ojos de Natalia estaban enrojecidos. Frunció el ceño, preocupado, pero con tanta gente alrededor, prefirió no hacer preguntas incómodas.
Natalia forzó una sonrisa.
—Vine a darle asesoría a unos alumnos.
Luego desvió la mirada hacia la mujer que lo acompañaba.
—¿Y ella es?

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...